31 de agosto de 2009

Adverbios con posesivos

Está bastante extendido el uso de posesivos en referencia a adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente. Sin embargo, el sistema de la lengua española no acepta de manera natural este tipo de construcciones, por lo que en la lengua culta debe evitarse el uso de esos adverbios con adjetivos posesivos. Así pues, no debe decirse *detrás mío, *delante suyo, etc., sino detrás de mí, delante de él, etc. La razón es que en esos casos lo coherente y natural en la lengua española es emplear pronombres en lugar de posesivos, como se muestra en los ejemplos siguientes:

Estoy delante de María.
=
Estoy delante de ella.

*Estoy delante suyo.

Podemos sustituir María por ella, pero no por suyo. Aparte de por interferencias con otras lenguas como el catalán, este vicio puede aparecer por lo intuitivo que resulta relacionar vocablos con denotaciones de lugar con el punto de vista de cada persona y mezclar así conceptos: en el ejemplo anterior, me encuentro en lo que podemos percibir como el delante de María, su delante; pero tal como estas últimas palabras demuestran, tales consideraciones carecen de sentido en cualquier construcción lingüística del sistema de la lengua española, pues delante no es sustantivo, sino adverbio, por lo que no es correcto ni adecuado tratarlo como tal y decir *el delante, *su delante o *delante suyo. Lo mismo ocurre con el resto de adverbios, como después, antes, etc.: *antes mío, *después tuyo.

Todo lo anterior se aplica, como es evidente, a los adverbios, no a los auténticos sustantivos como lado, que como puede comprenderse tienen otras características:

Estoy al lado de María.
=
Estoy al lado suyo.
=
Estoy a su lado.

Además, es de vital importancia señalar que, como es natural, el posesivo pospuesto debe concordar en género con el sustantivo al que modifica; así pues, debe decirse al lado suyo (nunca al lado *suya), puesto que el sustantivo lado es masculino y el posesivo se refiere a él y a ningún otro fragmento de la frase u oración.

En otras lenguas como el catalán —que ya he mencionado anteriormente— sí es correcto decir, por ejemplo, davant meu, ya que se trata de un sistema diferente que, aunque bastante similar, tiene sus propias consideraciones y características (y por supuesto siempre concuerdan en género, como es lógico); cada idioma tiene sus rasgos, propiedades, características, convenciones y consideraciones, y no deben mezclarse arbitrariamente con las de otros, ni desaparecer en sustitución de otras en vano, etc. Es absurdo y pernicioso copiar costumbres y características de lenguas extranjeras innecesariamente, en detrimento de la coherencia y la identidad de otras.

Este artículo demuestra flagrantemente que no es capricho de nadie que no se dé por válido el uso de posesivos con adverbios, sino que hay razones lógicas, racionales e indiscutibles para no hacerlo, y permite que toda persona, aunque su nivel lingüístico sea mínimo, lo comprendenda. Eso es, precisamente, lo primero que quiero conseguir escribiendo aquí.

Y, como suelo decir, lo que pretendo no es que escribamos y hablemos todos a la suma perfección, sino hacerlo mínimamente bien, lo justo para el código del mensaje sea coherente, correcto, eficiente y muy fácilmente comprensible y poder así, también, apreciar, respetar y valorar la lingüística como se merece, y no destruirla (lo que si se llegara a dar acabaría también con nosotros...). Si no se usa correctamente el código, ¡el mensaje que se desea transmitir de poco sirve! Hay que tener muy en cuenta y no olvidar jamás que cuanto mejor usemos los códigos con los cuales transmitimos información o datos, más merecedores seremos de tener el derecho, el honor y el privilegio de emplearlos. Un buen mensaje transmitido con un mal código es como un mensaje absurdo e incongruente, porque no puede ser fácil, correcta y adecuadamente entendido. Lo que más rabia me da no es que se haga demasiado frecuentemente muy mal uso de la lengua —que también, por supuesto—, sino el pasotismo y la dejadez, la ignorancia y la necedad, que ello demuestra; la visceral manía de anteponer todo lo demás a la lingüística. Si no tenemos respeto ni interés por algo que nos ha servido, nos sirve y nos servirá tanto y tan bien, ¿cómo vamos a respetarnos a nosotros mismos y avanzar como especie inteligente? Una persona no puede considerarse inteligente y culta hasta que domine suficientemente su lengua nativa, tanto de manera escrita como, por consiguiente, hablada. Y por supuesto cuantos más idiomas se aprendan, mucho mejor, pero eso es secundario. De nada sirve saber poco de muchos campos; eso es conocimiento basura, falso, irreal. Antes que nada hay que tener una base bien sólida para poder soportar perfectamente otros conocimientos y saber emplearlos adecuadamente.

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