28 de febrero de 2010

por/a por

Tendríamos que haber acabado con la ignorancia y todos los errores y confusiones hace ya mucho, o mejor todavía: ni siquiera deberían haber existido; pero como lamentablemente existen, tenemos que intentar por todos los medios que desaparezcan, o al menos que sean tan infrecuentes que no se encuentren con facilidad. Eso es lo que toda persona con un cerebro desarrollado suficientemente quiere. Por desgracia, es un objetivo prácticamente imposible de conseguir, mas no totalmente imposible.

Así que hoy voy a explicar cuál es el gran problema que hay con por y a por, dos expresiones totalmente diferentes en significado, aunque con uno en común, y también muy similares en apariencia, y eso es lo que está formando semejante lío desde hace tiempo. Parece ser que cuando las cosas no son blancas o negras la gente se confunde, se pone nerviosa y, en definitiva, no sabe qué pensar ni qué hacer, y por consiguiente probablemente se equivoca y confunde y hace errar también al prójimo.

Si decimos, por ejemplo, Voy por mi hermano, estamos dando muchos significados, y si no especificamos de ninguna manera a cuál de ellos nos referimos concretamente, el receptor se queda con la duda, lo cual no es nada recomendable porque el código no está cumpliendo su función básica por ser pobre o impreciso. Si decimos, en cambio, Voy a por mi hermano, estamos dejando claro qué queremos decir; añadiendo únicamente una preposición, una letra, hemos expresado algo más claro y concreto: el código es mucho mejor, por lo que el mensaje también lo es. La forma a por es totalmente válida aunque a muchos (mayormente hispanoamericanos) esta expresión les parezca extraña... ¡o incluso incorrecta! Algunos dan como razón absurda y estúpida que no es recomendable combinar dos o más preposiciones; parece ser que olvidan que ya hay muchas, como para con, de entre, por entre, tras de, de por, etc. La forma a por surgió hace ya muchos siglos por necesidad y lógica evolución, y no hay que ignorarla; y mucho menos dando como razón o criterio principal que la norma culta prefiere el uso de por, ya que eso era hace siglos y además no tiene criterio válido y aceptable.

Voy a por mi hermano significa, únicamente, que voy a buscarlo, a recogerlo. Mientras que Voy por mi hermano significa que voy a algún sitio porque él me lo ha pedido, o porque sé que lo necesita o lo desea, y como lo amo, hago el esfuerzo por él y voy aunque no quieras; o que voy a algún sitio en lugar de él, en reemplazo o sustitución; y también puede significar lo mismo que Voy a por mi hermano: ahí está el quid del asunto.

Entonces aquí planteo la gran cuestión: ¿por qué debemos usar la misma expresión para decir dos cosas distintas teniendo dos perfectamente válidas que, aunque similares, son diferentes? Emplear dos expresiones para transmitir dos significados es inteligente y recomendable; en cambio, emplear una misma expresión para transmitir dos significados es de personas muy poco inteligentes. ¿En qué grupo estás tú? ¿En qué grupo quieres estar? La decisión es tuya.

Entiendo perfectamente que la culpa, en un principio, no es de los infractores y los equivocados porque, en definitiva, así han estado hablando y escribiendo desde siempre, por herencia de sus ya ignorantes padres; es normal que a por les parezca extraña, lo que no es normal ni aceptable es que, una vez saben de su existencia, su significado y sus usos, se empeñen en seguir tan mal como estaban anteriormente. En ese momento sí tienen toda la culpa de seguir cometiendo grandes errores, y de lo que es aún peor: seguir difundiéndolos, extendiéndolos y esparciéndolos.

Otro ejemplo, y este más simple todavía: si decimos ¡A por ellos!, todos entendemos un único mensaje; en cambio, si decimos ¡Por ellos!, podemos entender más de un significado, y probablemente nos confundamos y nos equivoquemos...

Puedes consultar lo que dice la Real Academia Española al respecto en, por ejemplo: Respuestas a las preguntas más frecuentes.

En este artículo me he puesto ya muy serio, incluso algo desagradable en ciertos fragmentos, pero es que no hay que olvidar u obviar que la ignorancia, la necedad y la estupidez de la gente, especialmente en la lingüística, son problemas realmente serios que están deformando y degenerando nuestro método principal, y el mejor, de comunicación; y recordemos que si el código es malo, el mensaje es malo, o más aún: si el emisor es malo, el código es malo, el mensaje es malo y, por consiguiente, ¡el receptor también es malo! Aunque demasiados no lo crean, o no quieran creerlo, nos afecta a todos, y mucho. Mucho más de lo que nos imaginamos. No entiendo cómo puede haber personas que preferirían estar muertas o ser torturadas hasta la muerte antes que escribir y hablar suficientemente bien; personas de la misma especie que los que crearon —e intentan mantener en condiciones— las lenguas que usan cada momento de sus vidas, durante toda la vida. La estupidez humana no tiene límites.

Hoy es esto, mañana será aquello, ayer fue eso... No pasa día que no tenga que desesperanzarme y sufrir por el presente y el futuro de nuestros mejores códigos de comunicación. Aunque todavía sigo confiando en que la inteligencia y el conocimiento se impongan, ganen la batalla, y a nuestras lenguas se les reconozca totalmente la gran importancia que tienen... Únicamente espero que no ocurra cuando sea demasiado tarde.

¡Saludos y hasta la próxima!

13 de febrero de 2010

Coma

¡Al fin escribo mi artículo sobre la coma!

La coma es uno de los signos de puntuación más importantes porque es de uso frecuente y vital. Todavía hoy casi nadie sabe, por diversas razones, emplearlas debidamente —algo incomprensible por lo fácil que es comprender bien este signo—, así que se dedican a escribirlas, si es que emplean alguna, de manera totalmente arbitraria. Eso no es comunicar ni expresarse, es escribir montones de símbolos sin ningún sentido. Por más bueno que sea un texto, si no tiene un mínimo de comas, las imprescindibles, cuesta muchísimo de entender —si es que se logra—, o lo que es peor: se malinterpreta; claro que poner más de las necesarias entorpece la lectura, y no hay que olvidar que son errores ortográficos graves porque producen confusión. Como tengo dicho, es uno de los signos de puntuación más cruciales, así que ya va siendo hora de que la gente aprenda a usarla bien.

Si aprecias la buena y correcta escritura pero no sabes tanta lingüística como te gustaría, o si te esfuerzas mucho por entenderla pero aun así hay cosas que no comprendes o dudas, este es tu sitio. Aquí —y en algunos sitios más— intento divulgar y promover el correcto y adecuado uso de las lenguas, muy especialmente mi nativa, la española.

Y creo que ya va siendo hora de empezar con el tema de hoy. Por sus características, la coma tiene muchísimas normas y variaciones, las cuales están recogidas en su totalidad en la página electrónica de la Real Academia Española, en su Diccionario panhispánico de dudas, que puedes consultar siempre que tengas acceso a Internet, o también usar en la versión impresa de toda la vida si tienes acceso a ella. Si te parece demasiada lectura —que en realidad no es tanto en absoluto y es muy interesante y útil—, o si prefieres que alguien lo explique un poco más sencillamente —algo difícil, pues ya es bastante simple—, únicamente tienes que leer atentamente lo que escribiré a continuación. Es bastante trabajo e inversión de tiempo por mi parte, pero es lo mínimo que puedo hacer por una de las mejores —si no la mejor— y más maravillosas lenguas del mundo, o por la lingüística y el conocimiento en general.

Antes de empezar con las explicaciones más concretas, detalladas y técnicas, me gustaría eliminar una creencia errónea. A algunos se les dice en el colegio o incluso en el instituto, o hasta en la universidad (algo realmente grave y serio), que puede escribirse coma allá donde se haga una pausa en el habla. ERROR. Craso error. ¡Es totalmente falso, erróneo, equivocado, incorrecto, pernicioso, gratuito, inadecuado y hasta abominable! Si un profesor de lengua dice eso, automáticamente cambia de centro, o presenta una queja formal en algún lugar habilitado para tal efecto con el objetivo de que se tomen medidas para que esa persona no confunda más a nadie. Y porque la ignorancia y los errores lingüísticos no pueden denunciarse a la policía (debería poderse sin duda alguna), que si no... Las pausas que ocurren en el habla no siempre coinciden con comas; de hecho, hay muchos casos en los que no concurren y es inadecuado o hasta incorrecto emplear la coma por ser innecesaria o incluso dificultar la correcto y fácil comprensión del mensaje.

A continuación expongo las normas más básicas en referencia al uso de la coma y en los casos más frecuentes o problemáticos, con lo que podrás comprender mejor este signo y por consiguiente refinarás tu escritura e incluso tu habla; alcanzarás un nivel lingüístico bastante mayor al ser un signo ortográfico o de puntuación fundamental (¡sin embargo, no es lo único que hay que saber!).

Normas generales de la coma

1. Para enmarcar incisos, comentarios, en las frases u oraciones, puede emplearse la coma. También, con más valor aislante pero igual objetivo, puede usarse la raya, o para más aislamiento todavía, el paréntesis. Es decir, si quieres decir algo que tiene relación con lo que estás escribiendo pero no es necesario para entender la oración (podrías quitar el añadido y se entendería perfectamente), puedes colocar dos comas: una al comienzo y otra al final de ese fragmento. Sin embargo, hay casos en los que esa información adicional ha de colocarse forzosamente entre comas porque, si no, entenderíamos otra cosa; por ejemplo: Los soldados, cansados, volvieron al campamento con dos horas de retraso no es lo mismo que Los soldados cansados volvieron al campamento con dos horas de retraso; algo similar ocurre con los adjetivos explicativos y especificativos, pero ese es otro tema. Y siempre debe respetarse que este signo siempre ha de ir pegado a la última palabra antes del inciso y separado de la primera después de él. Dejar espacios inadecuados entre signos de puntuación y otros elementos es totalmente incorrecto e intolerable.

2. Para hacer enumeraciones, cada elemento se separa usando comas de lo demás. Si no se mencionan todos los elementos, antes del último no ha de ir ninguna conjunción y después de él se ha de colocar puntos suspensivos o etcétera (nunca ambos); si usamos etcétera, o en su forma abreviada, etc., debe colocarse otra coma después de ella. Recordemos que los puntos suspensivos son tres —y solo tres— puntos, y han de ir separados, como siempre, de la palabra siguiente con un espacio, pero pegados a la última de la enumeración. Aprovecho para decir que es totalmente inaceptable usar ambos, es decir, etc. o etcétera seguida por puntos suspensivos, ya que ambos elementos tienen la misma función, por lo que es redundante e innecesario. Si se especifican todos los elementos de la enumeración, antes de la conjunción final —normalmente y— no debe escribirse nunca coma (hay otros casos distintos donde sí se puede o incluso debe escribirse coma antes de conjunción; esto mucha gente no lo sabe o lo encuentra extraño, pero no tiene secreto: es de sentido común). También se separan mediante comas los miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado, por ejemplo: Llegué, vi, vencí, que también podría ser Llegué. Vi. Vencí, o Llegué; vi; vencí...

3. Se escribe coma después de interjecciones y antes de palabras como pero, mas (ojo, ¡sin tilde!), aunque, sino...; conque, así que, de manera que... Sin embargo, en el caso de pero no siempre es así: depende del significado que tenga; por ejemplo, en casos como Mi amigo es alto pero ágil no debe escribirse coma antes de pero. En el caso de sino, la mayoría de veces debe escribirse con coma antes, pero en casos como A Carlota, a quien no queda sino batirse no, pues denota otro significado.

4. Se escribe coma detrás de esto es, es decir, a saber, pues bien, ahora bien, en primer lugar, por un/otro lado, por una/otra parte, en fin, por último, además, con todo, en tal caso, sin embargo, no obstante, por el contrario, en cambio y otros similares, así como detrás de muchos adverbios o locuciones adverbiales que modifican a toda la oración y no solo a uno de sus elementos, como efectivamente, generalmente, naturalmente, por regla general, etc. No es correcto escribir *Espere un momento por favor; debería ser Espere un momento, por favor.

5. Hay muchos casos en los que se ha de colocar obligatoriamente una o varias comas en determinados lugares para configurar el significado correcto de la frase u oración; por ejemplo: Mientras, hizo lo que debía y todo salió bien, no hubo problemas no es lo mismo que Mientras hizo lo que debía y todo salió bien no hubo problemas.

6. Regla de oro: Es incorrecto escribir coma entre el sujeto y el verbo de una oración, incluso cuando el sujeto está compuesto de varios elementos separados por comas. Cuando el sujeto es largo, a veces se hace oralmente una pausa antes del comienzo del predicado, pero esta pausa no debe marcarse gráficamente mediante coma: Los alumnos que no hayan entregado el trabajo antes de la fecha fijada por el profesor (pequeña pausa) suspenderán la asignatura. Dos son las excepciones a esta regla: cuando el sujeto es una enumeración que se cierra con etcétera (o su abreviatura etc.) y cuando inmediatamente después del sujeto se abre un inciso o aparece cualquiera de los elementos que se aíslan por comas del resto del enunciado.

7. No debe escribirse coma detrás de pero cuando precede a una oración interrogativa o exclamativa: Pero ¡qué barbaridad! Esto también es de puro sentido común, y se extiende a cualquier otra expresión que se encuentre antes de los signos de apertura y sea evidente que no debe escribirse coma después de ella. En muchos casos no es correcto escribir coma antes de la expresión entre signos de exclamación o interrogación. En caso de duda o a discreción del estilo del autor, también puede incluirse el pero o el vocablo o secuencia que corresponda en la expresión interrogativa o exclamativa:
Parece que sus intenciones son buenas, pero ¿podemos confiar en él?
Parece que sus intenciones son buenas, ¿pero podemos confiar en él?


8. Sustantivos que funcionan como apelativos. Muy importante por su frecuencia. Cuando nos dirigimos a personas, el nombre que usamos para ello debe separarse del resto de la oración con una o dos comas: Helena, coge la mochila; Di, amigo, y entra. Otro caso algo similar es cuando nos referimos a uno de entre varios, que se ha de especificar escribiendo coma; de lo contrario, no podríamos entender bien la frase u oración; por ejemplo: Su hijo Juan... no es lo mismo que Su hijo, Juan..., ya que en la segunda frase se nos está comunicando que alguien tiene solo un hijo, y en la primera no se nos especifica cuántos, pero sabemos que más de uno, y se nos está hablando, concretamente, de Juan. Lo mismo ocurre en oraciones subordinadas donde la coma es imprescindible, una vez más, para entender el significado que el escritor quería darle; por ejemplo: Hubo un incendio en la calle donde vive Luis no es lo mismo que Hubo un incencio en la calle, donde vive Luis.

9. El uso de la coma tras las fórmulas de saludo en cartas y documentos es un anglicismo ortográfico que debe evitarse; en español se emplean los dos puntos.

10. A pesar de lo que muchos creen porque suelen decirlo o enseñarlo erróneamente en el colegio, en las expresiones numéricas escritas con cifras, la coma debe escribirse en la parte inferior del renglón, nunca en la parte superior; la normativa internacional establece el uso de la coma para separar la parte entera de la parte decimal, pero también se acepta el uso anglosajón del punto, normal en algunos países hispanoamericanos; por este motivo, como ya dije en mi artículo sobre el punto (consulta el DPD para más información, como siempre), no se recomienda en absoluto el uso de puntos para separar los millares, los millones, etc. Es realmente desesperante intentar averiguar cuál es la cifra correcta cuando se han usado comas y puntos en ella. Lo mejor es usar espacios en blanco en lugar de puntos; y eso cuando la cifra es muy grande, para facilitar su lectura; si es bastante pequeña (que no supere las cuatro cifras), ¿qué razón congruente hay de usar puntos o espacios?

Y aquí lo dejo, aunque todavía faltan muchos casos; mi intención, como digo, es simplificar y resumir el tema de la coma para garantizar que cualquiera pueda entenderla y emplearla como se debe. Como siempre estoy diciendo y no me cansaré de repetir porque es real y verdaderamente útil, puedes visitar la página electrónica de la Real Academia Española para despejar cualquier duda lingüística que tengas. Con ella puedes aprender a escribir con conocimiento suficiente, adecuadamente, con sentido común, como nuestra valiosa lengua merece...

La Asociación de Academias de la Lengua Española toma a veces decisiones poco acertadas —o quizá poco aceptadas— o no se acaba de decantar por una opción concreta en discrepancias importantes (nada es perfecto; y tampoco es posible, por varias razones, contentar a todos), pero con ella, el español es muchísimo mejor de lo que sería sin ella; si hay alguna fuente en nuestro mundo que puede hacerte obtener conocimiento fiable y en cantidad sobre nuestra lengua es, sin duda alguna, la Real Academia Española y su trabajo conjunto con el resto de Academias, y la gota que colma el vaso de las buenas y acertadísimas ideas: ¡plasmar todo ese conocimiento pública y gratuitamente en Internet!

Te invito a que leas mis otros artículos de los signos ortográficos o cualquier otro, ya sea de lingüística o de otro tema, y que visites esta mi bitácora cuando quieras para aprender más o simplemente para hacer una consulta lingüística relativamente rápida.

¡Hasta la próxima!

22 de enero de 2010

¿Oír o escuchar?

Es realmente impresionante —y demasiado lamentable— el número de veces que se confunden estos dos términos. Duele de verdad oír pronunciar según qué frases con el verbo escuchar (‘poner atención o aplicar el oído para oír algo o a alguien’) en lugar del verbo oír (‘percibir con el oído los sonidos’). Son dos vocablos completamente diferentes, con significados y, por consiguiente, usos completamente distintos; entonces, ¿por qué hemos de intercambiarlos arbitrariamente? Es empobrecer y estropear la lengua absurda, ridícula y gratuitamente; no es en absoluto necesario, acertado ni recomendable emplear siempre el verbo escuchar cuando nos referimos a la acción de percibir con el sentido del oído, ya sea voluntaria o involuntariamente, prestando atención o sin prestarla. Lo más curioso, si cabe, es que esta confusión, imprecisión, intercambio o fusión de significados no suele ocurrir —al menos no tan frecuentemente— con los verbos ver y mirar, por ejemplo... Por algo será. Opino que hay demasiada discriminación lingüística al respecto, aparte de la sempiterna e infinita ignorancia del ser humano...

La Real Academia Española (RAE) y toda la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), en su Diccionario panhispánico de dudas, explican:

La acción de escuchar es voluntaria e implica intencionalidad por parte del sujeto, a diferencia de oír, que significa, sin más, ‘percibir por el oído [un sonido] o lo que [alguien] dice’. Puesto que oír tiene un significado más general que escuchar, casi siempre puede usarse en lugar de este, algo que ocurría ya en el español clásico y sigue ocurriendo hoy. Menos justificable es el empleo de escuchar en lugar de oír, para referirse simplemente a la acción de percibir un sonido a través del oído, sin que exista intencionalidad previa por parte del sujeto.

Hasta ahí todo muy bien. La incongruencia, la afirmación inadecuada que se hace en el DPD al respecto y que probablemente esté causando mucho perjuicio viene a continuación:

Pero es uso que también existe desde época clásica y sigue vigente hoy, en autores de prestigio, especialmente americanos, por lo que no cabe su censura.

Opino fervientemente que sí cabe su censura; desde luego que sí, faltaría más. Pueden ser autores de supuesto prestigio, pero eso no significa que sean necesariamente buenos lingüistas, que lo sepan todo ni que sean perfectos y no cometan errores. Como todos sospechamos, nada es perfecto, ni siquiera la Asociación de Academias de la Lengua Española (ya hablé en uno de mis artículos sobre la Real Academia Española); siempre defiendo a las Academias, pero cuando a veces erran de manera flagrante es justo y aconsejable reconocerlo y tratar el asunto como es debido. Personalmente, encuentro realmente absurdo e innecesario usar siempre el mismo verbo para expresar dos cosas diferentes teniendo dos perfecta y absolutamente válidos, cada uno idóneo, ideal y especial para un significado... ¡Y con más razón todavía siendo más corto y, por consiguiente, más rápido de pronunciar y escribir! De eso se trata, ¿no? De decir lo máximo con lo mínimo... De hecho, ¡se cometen muchos errores por intentos inadecuados de cumplir ese deseo lógico, racional e inteligente! Entonces, ¿a qué viene esa inexorable e irreprimible necesidad de marginar e ignorar un verbo más preciso, correcto y práctico? Es que hacemos lo que nos viene en gana, cuando nos viene en gana... Eso no es ser libre, sino necio y estúpido. Hay muchos comportamientos y actitudes de la gente que no entiendo... ¿Es simplemente ignorancia y necedad, al no saber, y menos todavía pensar, o es como un virus, que uno dice algo una vez, ya sea correcta o incorrectamente, y todos, a partir de ahí, lo malinterpretan —o no se plantean nada, directamente— y lo repiten como loros porque sí?

Veamos, podemos oír hablar a una persona sin escucharla, y seguramente no nos enteraríamos de nada porque no estaríamos prestando atención, y nuestros cerebros no procesarían ni entenderían el mensaje. Escuchar ya implica oír, excepto en los casos en que se tengan dificultades de audición por varias razones o en los que no se puede atención porque, simplemente, se trata de un sonido inesperado y, por consiguiente, no puede prestársele atención (escucharlo) sencillamente porque es imposible. Oír es una acción pasiva, mientras que la de escuchar es activa.

En muchos casos, ambos verbos son más o menos acertadamente intercambiables (aunque si se desea ser preciso, solo una será la adecuada para el contexto, o para dar el significado que se quiere expresar), pero hay otros tantos en los que es totalmente incorrecto e inaceptable. Por ejemplo, es abominable decir: *«Con la música tan alta no te escucho», *«Con tanto ruido no te escucho». O sea que además de no prestar atención a esa persona ¿tienes la poca vergüenza de decírselo? ¡No tiene nada que ver la contaminación acústica con escuchar o no a alguien! En todo caso, ¡prestarías más atención para oír mejor, así que estarías diciendo justo lo contrario! Así pues, esas dos oraciones podrían y deberían cambiarse por: «Con la música tan alta no te oigo», «Con tanto ruido no te oigo».

La elección de los verbos y demás componentes de la lengua depende, naturalmente, del emisor y del contexto en donde se encuentre, pero siempre hay que evitar —o al menos intentarlo— ser anodino y repetir como un loro lo que suelen decir los demás, que frecuentemente es incorrecto o impreciso por falta de atención a lo que dicen, además de una enorme y sempiterna carencia de conocimientos. Como suelo decir, para emplear un código correctamente, se necesitan dos cosas: conocerlo lo suficientemente bien y tener la voluntad suficiente para ello. Hay una cantidad limitada de maneras de emplear la lengua correcta y adecuadamente en cada caso concreto. Conociendo bien el código, conocemos las maneras correctas e incorrectas de expresarnos; por lo que si alguien no se expresa correctamente, podemos deducir que, con toda seguridad, el emisor es un ignorante, pues nadie en su sano juicio escogería el mal camino sabiendo cuál es el bueno y pudiendo hacer perfecto uso de él.

Otro ejemplo podría ser que yo no escucho el despertador porque, aparte de que empieza a sonar imprevisiblemente, cuando ya soy consciente de que está dándome una mala y dolorosa noticia no encuentro que sea digno de prestarle atención, no me interesa, no quiero hacerle caso, ni siquiera oírlo; simplemente lo oigo, pero no me concentro únicamente en su sonido y percibo cada matiz, ni lo visualizo en mi mente, sino que lo percibo pasivamente por el sentido del oído: lo oigo, en ningún caso lo escucho. Debemos expresarnos con propiedad y precisión. Las palabras siempre tienen significados etimológicos, que son los más puros y jamás deben ser obviados ni negados. Nosotros inventamos nuestros propios códigos, pero hasta cierto punto; esa tendencia que tenemos a querer demostrar algo que no tenemos o aparentar algo que no somos mediante actos estúpidos no hace ningún bien a nadie. Cada palabra, vocablo, término o expresión tiene su significado original, y solo puede y debe ser cambiado, o añadírsele otro, mediante los procesos adecuados.

Lo más triste de todo —y eso ya es demasiado...— es que hay muchos individuos que cuando se les explica algo dándole lógicas, válidas y comprobables razones, siguen en su infinita necedad —porque no comprenden y ni siquiera quieren comprender nada— y mantienen su ridícula petulancia y dicen cosas como «las dos significan lo mismo» o «da igual» o incluso «yo me expreso como me da la gana». No se es más libre por ser más ignorante, sino todo lo contrario. En el DPD se dice que se puede usar escuchar en lugar de oír, pero antes se deja claro que es menos justificable que lo contrario. ¿Qué incoherencia es esa? Como he dicho anteriormente, nada es perfecto, ni siquiera el DPD, así que en los no muchos casos en los que falla, debemos hacer uso más que nunca —porque siempre ha de emplearse— de nuestra inteligencia, capacidades e información de la que disponemos para llegar a una conclusión más acertada. De todas formas, digas lo que digas, expliques lo que expliques, pase lo que pase, ellos siguen a lo suyo, sin atender a razones ni ver la realidad. Es que no hay peor ignorante que el que no quiere aprender, que es el necio. Es que son ganas de complicar las cosas, y sobre todo de no hacerlas bien incluso cuando no es difícil hacerlo... Como tengo dicho, incluso cada detalle de la manera de escribir y de hablar de una persona dice muchísimo sobre ella: su cultura, nacionalidad, personalidad, conocimientos, inteligencia, capacidades, actitud, voluntad, visión del mundo... y lo digna que es de emplear el código.

En el Centro Virtual Cervantes, en su Museo de los Horrores —de obligada lectura y consideración—, también se habla sobre el tema, y en Minucias del lenguaje de José G. Moreno de Alba.

En fin, creo que no merece la pena darle más vueltas al asunto; ya he expresado todo lo que quería. Que cada uno piense y haga lo que crea mejor, pero siempre habiéndose informado adecuadamente antes, que es la única manera de pensar y actuar mínimamente bien.

Espero tener pronto algo más de tiempo libre para proseguir con los signos de puntuación, y quizá escriba algunos artículos sobre ética social, que últimamente está degenerando mucho... Cuidaos, pero cuidad todavía más cómo y qué pensáis, y más todavía lo que hacéis y dejáis de hacer, porque todo es decisivo para determinar el futuro de nuestro mundo: nuestro futuro.


Última edición: 22 de agosto de 2013.

4 de noviembre de 2009

Punto

Quizá sea el signo de puntuación más frecuente. Su uso principal es señalar gráficamente la pausa que marca el final de un enunciado —que no sea interrogativo o exclamativo—, de un párrafo o de un texto. Se escribe sin separación de la palabra que lo precede y separado por un espacio de la palabra o el signo que lo sigue. La palabra que sigue al punto se escribe siempre con inicial mayúscula, excepto que se trate de punto abreviativo.

Tiene tres usos lingüísticos principales, y recibe tres nombres distintos en cada uno:

Cuando una frase u oración acaba y a continuación se va a expresar algo que tiene relación con lo explicado anteriormente, se emplea el punto y seguido —nombre más lógico y recomendable que el también usual de *punto seguido—.

Cuando se va a tratar de algo con cierta diferencia, se cierra y se termina el párrafo con el punto y aparte.

Cuando el texto termina —es decir, ya no se escribirá nada más a continuación— el último punto se denomina punto final. No es correcta la denominación *punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte.

Tiene dos usos más:

Se escribe después de las abreviaturas, con muy pocas excepciones; no es correcto escribir la gran mayoría de abreviaturas sin punto abreviativo.

Después o detrás de cada elemento abreviado o sigla en las siglas que no han sido adaptadas como palabras normales, opcionalmente se escribe un punto abreviativo (en todas ellas, incluida la última); aunque ya no se recomienda hacerlo por comodidad y agilidad, y porque no es necesario, incluso en enunciados escritos enteramente en mayúsculas.

Combinación con otros signos

El punto debe escribirse siempre detrás de las comillas, los paréntesis y las rayas de cierre, incluso aunque antes de ellos haya un signo de puntuación con valor de cierre, como el signo de exclamación, el de interrogarción, una abreviatura... 

No debe escribirse punto tras los signos de cierre de interrogación o de exclamación, pues ya contienen un punto y cierran el enunciado.

Si el punto de una abreviatura coincide con el punto de cierre del enunciado, solo debe escribirse un punto, nunca dos. Lo mismo ocurre con las siglas, en caso de que se escriban con puntos.

Nunca se escribe otro punto tras los puntos suspensivos cuando estos cierran un enunciado.

Usos no lingüísticos

Para separar las horas de los minutos cuando se expresan en números; para este uso, también pueden emplearse los dos puntos.

Para separar el día, mes y año en las fechas expresadas numéricamente; también se pueden usar el guión o la barra.

Usos incorrectos

No debe escribirse punto tras las unidades de millar en la expresión numérica de los años, ni en la numeración de páginas, portales de vías urbanas y códigos postales, ni en los números de artículos, decretos o leyes.

Aunque todavía es práctica común en los números escritos con cifras separar los millares, millones, etc., mediante un punto (o una coma, en los países en que se emplea el punto para separar la parte entera de la decimal), la norma internacional establece que se prescinda de él. Para facilitar la lectura de estos números, cuando constan de más de cuatro cifras se recomienda separar estas mediante espacios por grupos de tres, contando de derecha a izquierda. Esta recomendación no debe aplicarse en documentos contables ni en ningún tipo de escrito en que la separación arriesgue la seguridad. No se utiliza nunca esta separación, ni tampoco el punto, en la expresión numérica de los años, en la numeración de páginas, portales de vías urbanas y códigos postales, ni en los números de artículos, decretos o leyes.

Los símbolos (N, km, m, s, EUR, etc.), a diferencia de las abreviaturas, no llevan punto abreviativo nunca, pues no son abreviaciones, sino, como su propio nombre indica, símbolos.

Nunca se escribe punto tras los títulos y subtítulos de libros, artículos, capítulos, obras de arte, etc., cuando aparecen aislados y son el único texto del renglón. Tampoco llevan punto al final los nombres de autor en cubiertas, portadas, prólogos, firmas de cartas y otros documentos, o en cualquier otra ocasión en que aparezcan solos en un renglón.

Próximamente trataré sobre la coma, el signo de puntuación que más se emplea (aunque parece que hay personas que le tienen cierta aversión, y a otros les gusta tanto que la usan demasiado), y por consiguiente es de los más importantes para cualquier texto o escrito; el tema de los signos está casi terminado, así que en no mucho tiempo seguiré hablando de filosofía y otros aspectos de la lengua española.

¡Hasta la próxima!

24 de octubre de 2009

Paréntesis

Signo ortográfico doble con la forma ( ) que se usa para insertar en un enunciado una información complementaria o aclaratoria. Los paréntesis se escriben pegados a la primera y la última palabra del período que enmarcan, y separados por un espacio de las palabras que los preceden o los siguen (hay algunas excepciones); pero si lo que sigue al signo de cierre de paréntesis es un signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.

Usos

Para introducir incisos, con no mucha relación, en lo que se está diciendo, que tienen significado completo por sí mismos. Para menor grado de aislamiento, se usan la coma o la raya.

Para intercalar algún dato o precisión, como fechas, lugares, el desarrollo de una sigla, el nombre de un autor o de una obra citados, etc.

Para mostrar que algunos aspectos del texto pueden tener más de una opción o posibilidad: En el documento se indicará(n) el (los) día(s) en que haya tenido lugar la baja; Se necesita chico(a) para repartir pedidos. Como se ve en los ejemplos, los paréntesis que añaden segmentos van pegados a la palabra a la que se refieren. En este uso, la barra (/) también sirve.

Para encerrar, en las obras teatrales, las acotaciones del autor o los apartes de los personajes.

Las letras o números que introducen elementos de una clasificación o enumeración pueden escribirse entre paréntesis o, más frecuentemente, seguidas solo del paréntesis de cierre.

Combinación con otros signos

Los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre paréntesis se colocan siempre después del paréntesis de cierre. No debe colocarse ningún signo adicional solo por la presencia del texto entre paréntesis, aunque la oración se extienda mucho, ya que no supone ningún cambio en la estructura de la oración.

El texto contenido dentro de los paréntesis tiene una puntuación independiente, así que deben escribirse los signos de puntuación que sean necesarios; además, si el enunciado entre paréntesis es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación o de exclamación —de apertura y de cierre— deben colocarse dentro de los paréntesis.

Independientemente de que el texto entre paréntesis abarque todo el enunciado o solo parte de él, el punto se colocará siempre detrás o después del paréntesis de cierre: Se fue dando un portazo. (Creo que estaba muy enfadado).

Muy simple. Ya estamos un pequeño gran paso más cerca de la máxima perfección posiblemente alcanzable por un individuo de la especie humana. 

¡Hasta la próxima!

10 de octubre de 2009

Raya

Aquí estoy otra vez, más desesperado que la última por culpa de la estupidez de demasiadas personas, que las conduce irremediablemente a la ignorancia, la necedad y, en último término, a errar reiteradamente. Pero voy a olvidar eso, al menos por ahora, y vamos a lo bueno. Hoy voy a explicar qué es la raya, para qué sirve y cómo debe usarse.

La raya (que normalmente puede escribirse en ámbitos informáticos manteniendo presionada la tecla Alt y pulsando 0151 en el teclado numérico) es un signo de puntuación que se representa por un trazo horizontal (—) más largo que el correspondiente al guión (-), con el cual no debe confundirse. Las rayas —una de apertura y otra de cierre— se escriben pegadas a la primera y a la última letra del fragmento que enmarcan y separadas por un espacio de lo demás, excepto si lo que sigue a la de cierre es otro signo de puntuación, que se escribe pegado a ella. Hoy en día, la raya se emplea menos de lo recomendable; muchas veces se usa el paréntesis o la coma en el lugar que correspondería a la raya.

Usos

1. Para hacer aclaraciones o incisos con un valor aislante menor que el de los paréntesis pero mayor que el de las comas. La raya de cierre no se suprime aunque detrás de ella deba aparecer un punto o cualquier otro signo de puntuación.

2. Para hacer aclaraciones o incisos dentro de un texto ya encerrado entre paréntesis.

3. En textos narrativos, para introducir los comentarios del narrador a las intervenciones de los personajes. No se escribe raya de cierre si tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje; si sigue, debe colocarse: —No sé, señor —respondió él—. Alguna cosa nueva debe de ser; que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. Aunque el diálogo del personaje termine en un signo con valor de punto, como el signo de cierre de interrogación, el comentario entre rayas empieza igualmente en minúscula: —¿Tienes hora? —preguntó él. Cuando el comentario del narrador no se introduce con un verbo de habla (decir, añadir, asegurar, preguntar, exclamar, reponer...), las palabras del personaje deben cerrarse con punto y el inciso del narrador debe iniciarse con mayúscula: —Voy a tumbarme. —Se tumbó en la cama.

Creo que todo eso es lo más importante. Para más información, visita esta página del Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española y la ASALE en general.

Como siempre, una persona que usa la raya (correctamente, por supuesto) demuestra mucho sobre su personalidad y también sobre sus conocimientos lingüísticos y, por ende, sobre todos lo demás rasgos o aspectos. ¿Qué imagen quieres dar a los demás? O lo que es más importante todavía: ¿qué imagen quieres tener de ti mismo? 

Hasta la próxima, estimado lector.

1 de octubre de 2009

Comillas

Por varios motivos de peso he decidido tratar el tema de los signos de puntuación de manera paulatina, por partes. Para empezar, algo fácil y común: voy a explicar qué son las comillas, cómo es cada tipo y para qué sirve cada uno de ellos. Podría ocurrir que muchos pensasen que lo saben todo sobre ellas, pero la verdad es que hay demasiadas cosas que desconocen; y eso si se molestan en pensar cuándo y cómo emplearlas.

Las comillas son signos ortográficos, y se usan tres tipos en español o castellano: las comillas angulares, también llamadas españolas o latinas  (« »), las inglesas (“ ”) y las simples (‘ ’). Según parece, la mayoría de la gente no tiene ni idea de la existencia de las angulares, aun siendo muy importantes (hechos similares son muy frecuentes, desgraciadamente). Aparte de por otras razones, disponemos actualmente de estos tres tipos por una fundamental: para diferenciar las partes entrecomilladas dentro de otras partes ya entrecomilladas; se usan las comillas angulares como primer recurso, las inglesas como segunda opción y las simples como último uso; por ejemplo: «Antonio me dijo: “Vaya ‘cacharro’ que se ha comprado Julián”». Aunque es infrecuente necesitar tanto entrecomillado junto, si se diera el caso no tendríamos problemas si solemos emplear las angulares primero, pero si hacemos como la mayoría y usamos primeramente las inglesas (teniendo las españolas es poco recomendable y menos inteligente usar las inglesas, ¿no?) podríamos encontrarnos con problemas. Además, las comillas angulares están al mismo nivel que el resto de elementos, e incluso los abrazan cálidamente, como una flor que se cierra grácil y silenciosamente para proteger sus partes más especiales y delicadas con un abrazo suave y fresco, y por consiguiente son mucho más lógicas que las inglesas o las simples, que ambas están ahí arriba, altivas, frías, totalmente fuera de lugar, como esquivando su verdadera función.

En los teclados, por influjo de la lingüística de Estados Unidos, no vienen configuradas predeterminadamente las angulares para escribirlas con una sola tecla, así que hay que usar otros métodos, como mantener presionada la tecla Alt y pulsar en el teclado numérico (el de la derecha; ¡asegúrate de que está activado!) 174 para las de apertura y 175 para las de cierre. De todas formas, para los otros dos tipos también deberían pulsarse más teclas, ya que estos signos (" ") no son realmente las comillas inglesas, y estos otros (' ') no son realmente las simples (los códigos para escribirlas correctamente con teclado, bajo el sistema operativo Windows, son Alt y 0147/0148 y 0145/0146), sino que son las versiones simplificadas, rectas o informáticas, que solo deben emplearse en ámbitos de programación digital.

Alguien podría creer que la elección entre angulares e inglesas como primer recurso para entrecomillar es aparentemente subjetivo, y que va según los gustos y personalidad del usuario (para escribir a mano es posible que las inglesas sean más fáciles de escribir, pero escribiendo con ordenador no cuesta tanto presionar unas pocas teclas más), pero, desde siempre, en absolutamente todos los libros o cualquier tipo de texto —incluso los que están en catalán y en alguna que otra lengua más— serio o formal y de una cierta calidad se emplean como primera opción las angulares; así que, si aprecias la calidad y las cosas bien hechas, no hay duda de cuáles debes usar. Nuestra manera de expresarnos, ya sea escrita u oral, dice mucho de nosostros: debemos tener eso siempre en cuenta. Hay una diferencia abismal entre una persona que usa las comillas angulares y otra que no. Una cosa es usar las comillas inglesas en textos informales y que requieran rapidez al escribir, o en textos técnicos (p. ej., informáticos, por la programación, que se emplean las rectas), y otra muy diferente es usarlas siempre, porque sí...

Sean cuales sean tus elecciones —que espero que sabiendo todo lo que te estoy contando sean las acertadas—, hay unas situaciones determinadas para hacer uso de un determinado tipo de comillas, y esto ya es mucho menos opcional:

Para mostrar que el texto es una cita textual:
Paco dijo: «¡Al fin he conseguido dejar el tabaco!»

En obras literarias, para enmarcar los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes.

Para indicar que una palabra o expresión es impropia, vulgar, procede de otra lengua o se utiliza irónicamente o con un sentido especial; en estos casos se puede —y se recomienda, como es obvio, para no cargar tantos usos a las comillas— hacer uso de la cursiva, que es lo que suele hacerse en textos formales y de calidad desde hace muchos siglos.

Cuando en un texto escrito a mano se comenta un término desde el punto de vista lingüístico, este se escribe entrecomillado, pero únicamente cuando no puede hacerse uso de la cursiva, la cual es siempre preferible en estos casos: La palabra «cándido» es esdrújula.

En obras de carácter lingüístico, las comillas simples se utilizan para enmarcar los significados: La voz apicultura está formada a partir de los términos latinos apis ‘abeja’ y cultura ‘cultivo, crianza’.

Se usan las comillas para citar el título de un artículo, un poema, un capítulo de un libro, un reportaje o, en general, cualquier parte dependiente dentro de una publicación; los títulos de los libros, por el contrario, se escriben en cursiva (o, como es lógico, en redonda si el texto normal va en cursiva).

Y estas siguientes son las normas para escribirlas en combinación con otros signos:

Aunque haya un fragmento entrecomillado, los signos de fuera se escriben normalmente:
Sus palabras fueron: «No lo haré»; pero al final nos ayudó.
¿De verdad ha dicho «hasta nunca»?


El texto que va dentro de las comillas tiene una puntuación independiente y lleva sus propios signos ortográficos. Por eso, si el enunciado entre comillas es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación y exclamación se escriben dentro de las comillas:
Le preguntó al conserje: «¿Dónde están los baños, por favor?». 
«¡Qué ganas tengo de que lleguen las vacaciones!», exclamó.

De esta regla debe excluirse el punto, que se escribirá detrás de las comillas de cierre cuando el texto entrecomillado ocupe la parte final de un enunciado o de un texto (ver el caso siguiente).

Cuando lo que va entrecomillado es el final de un enunciado o de un texto, debe colocarse punto detrás de las comillas de cierre, incluso si delante de las comillas va un signo de cierre de interrogación o de exclamación, o puntos suspensivos:
«No está el horno para bollos». Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.
«¿Dónde te crees que vas?». Esa pregunta lo detuvo en seco.
«Si pudiera decirle lo que pienso realmente...». A Pedro no le resultaba fácil hablar con sinceridad.

Lo mismo ocurre en los casos de la raya y el paréntesis, que también son signos de puntuación dobles; es decir, que se componen de uno de apertura y otro de cierre.

Y eso es todo, de manera más o menos simplificada o resumida... Como puede verse, he reutilizado datos del Diccionario panhispánico de dudas en línea de la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), de consulta gratuita disponible en la página electrónica de la Real Academia Española; únicamente he intentado hacer las explicaciones todavía más fáciles y resumidas y aportar lo que me ha parecido interesante. También he actualizado contenidos basándome en la nueva revisión de la Ortografía de la lengua española, de 2010. Para mucha más información, no dudes en visitar la página de la RAE, donde se encuentran para consulta gratuita el Diccionario de la lengua española (DRAE), el ya mencionado DPD y muchos más artículos con normas y convenciones oficiales, además de utilísimas explicaciones lingüísticas.

¡Hasta el próximo artículo!

Última edición: 29 de noviembre de 2013.