22 de enero de 2010

¿Oír o escuchar?

Es realmente impresionante —y demasiado lamentable— el número de veces que se confunden estos dos términos. Duele de verdad oír pronunciar según qué frases con el verbo escuchar (‘poner atención o aplicar el oído para oír algo o a alguien’) en lugar del verbo oír (‘percibir con el oído los sonidos’). Son dos vocablos completamente diferentes, con significados y, por consiguiente, usos completamente distintos; entonces, ¿por qué hemos de intercambiarlos arbitrariamente? Es empobrecer y estropear la lengua absurda, ridícula y gratuitamente; no es en absoluto necesario, acertado ni recomendable emplear siempre el verbo escuchar cuando nos referimos a la acción de percibir con el sentido del oído, ya sea voluntaria o involuntariamente, prestando atención o sin prestarla. Lo más curioso, si cabe, es que esta confusión, imprecisión, intercambio o fusión de significados no suele ocurrir —al menos no tan frecuentemente— con los verbos ver y mirar, por ejemplo... Por algo será. Opino que hay demasiada discriminación lingüística al respecto, aparte de la sempiterna e infinita ignorancia del ser humano...

La Real Academia Española (RAE) y toda la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), en su Diccionario panhispánico de dudas, explican:

La acción de escuchar es voluntaria e implica intencionalidad por parte del sujeto, a diferencia de oír, que significa, sin más, ‘percibir por el oído [un sonido] o lo que [alguien] dice’. Puesto que oír tiene un significado más general que escuchar, casi siempre puede usarse en lugar de este, algo que ocurría ya en el español clásico y sigue ocurriendo hoy. Menos justificable es el empleo de escuchar en lugar de oír, para referirse simplemente a la acción de percibir un sonido a través del oído, sin que exista intencionalidad previa por parte del sujeto.

Hasta ahí todo muy bien. La incongruencia, la afirmación inadecuada que se hace en el DPD al respecto y que probablemente esté causando mucho perjuicio viene a continuación:

Pero es uso que también existe desde época clásica y sigue vigente hoy, en autores de prestigio, especialmente americanos, por lo que no cabe su censura.

Opino fervientemente que sí cabe su censura; desde luego que sí, faltaría más. Pueden ser autores de supuesto prestigio, pero eso no significa que sean necesariamente buenos lingüistas, que lo sepan todo ni que sean perfectos y no cometan errores. Como todos sospechamos, nada es perfecto, ni siquiera la Asociación de Academias de la Lengua Española (ya hablé en uno de mis artículos sobre la Real Academia Española); siempre defiendo a las Academias, pero cuando a veces erran de manera flagrante es justo y aconsejable reconocerlo y tratar el asunto como es debido. Personalmente, encuentro realmente absurdo e innecesario usar siempre el mismo verbo para expresar dos cosas diferentes teniendo dos perfecta y absolutamente válidos, cada uno idóneo, ideal y especial para un significado... ¡Y con más razón todavía siendo más corto y, por consiguiente, más rápido de pronunciar y escribir! De eso se trata, ¿no? De decir lo máximo con lo mínimo... De hecho, ¡se cometen muchos errores por intentos inadecuados de cumplir ese deseo lógico, racional e inteligente! Entonces, ¿a qué viene esa inexorable e irreprimible necesidad de marginar e ignorar un verbo más preciso, correcto y práctico? Es que hacemos lo que nos viene en gana, cuando nos viene en gana... Eso no es ser libre, sino necio y estúpido. Hay muchos comportamientos y actitudes de la gente que no entiendo... ¿Es simplemente ignorancia y necedad, al no saber, y menos todavía pensar, o es como un virus, que uno dice algo una vez, ya sea correcta o incorrectamente, y todos, a partir de ahí, lo malinterpretan —o no se plantean nada, directamente— y lo repiten como loros porque sí?

Veamos, podemos oír hablar a una persona sin escucharla, y seguramente no nos enteraríamos de nada porque no estaríamos prestando atención, y nuestros cerebros no procesarían ni entenderían el mensaje. Escuchar ya implica oír, excepto en los casos en que se tengan dificultades de audición por varias razones o en los que no se puede atención porque, simplemente, se trata de un sonido inesperado y, por consiguiente, no puede prestársele atención (escucharlo) sencillamente porque es imposible. Oír es una acción pasiva, mientras que la de escuchar es activa.

En muchos casos, ambos verbos son más o menos acertadamente intercambiables (aunque si se desea ser preciso, solo una será la adecuada para el contexto, o para dar el significado que se quiere expresar), pero hay otros tantos en los que es totalmente incorrecto e inaceptable. Por ejemplo, es abominable decir: *«Con la música tan alta no te escucho», *«Con tanto ruido no te escucho». O sea que además de no prestar atención a esa persona ¿tienes la poca vergüenza de decírselo? ¡No tiene nada que ver la contaminación acústica con escuchar o no a alguien! En todo caso, ¡prestarías más atención para oír mejor, así que estarías diciendo justo lo contrario! Así pues, esas dos oraciones podrían y deberían cambiarse por: «Con la música tan alta no te oigo», «Con tanto ruido no te oigo».

La elección de los verbos y demás componentes de la lengua depende, naturalmente, del emisor y del contexto en donde se encuentre, pero siempre hay que evitar —o al menos intentarlo— ser anodino y repetir como un loro lo que suelen decir los demás, que frecuentemente es incorrecto o impreciso por falta de atención a lo que dicen, además de una enorme y sempiterna carencia de conocimientos. Como suelo decir, para emplear un código correctamente, se necesitan dos cosas: conocerlo lo suficientemente bien y tener la voluntad suficiente para ello. Hay una cantidad limitada de maneras de emplear la lengua correcta y adecuadamente en cada caso concreto. Conociendo bien el código, conocemos las maneras correctas e incorrectas de expresarnos; por lo que si alguien no se expresa correctamente, podemos deducir que, con toda seguridad, el emisor es un ignorante, pues nadie en su sano juicio escogería el mal camino sabiendo cuál es el bueno y pudiendo hacer perfecto uso de él.

Otro ejemplo podría ser que yo no escucho el despertador porque, aparte de que empieza a sonar imprevisiblemente, cuando ya soy consciente de que está dándome una mala y dolorosa noticia no encuentro que sea digno de prestarle atención, no me interesa, no quiero hacerle caso, ni siquiera oírlo; simplemente lo oigo, pero no me concentro únicamente en su sonido y percibo cada matiz, ni lo visualizo en mi mente, sino que lo percibo pasivamente por el sentido del oído: lo oigo, en ningún caso lo escucho. Debemos expresarnos con propiedad y precisión. Las palabras siempre tienen significados etimológicos, que son los más puros y jamás deben ser obviados ni negados. Nosotros inventamos nuestros propios códigos, pero hasta cierto punto; esa tendencia que tenemos a querer demostrar algo que no tenemos o aparentar algo que no somos mediante actos estúpidos no hace ningún bien a nadie. Cada palabra, vocablo, término o expresión tiene su significado original, y solo puede y debe ser cambiado, o añadírsele otro, mediante los procesos adecuados.

Lo más triste de todo —y eso ya es demasiado...— es que hay muchos individuos que cuando se les explica algo dándole lógicas, válidas y comprobables razones, siguen en su infinita necedad —porque no comprenden y ni siquiera quieren comprender nada— y mantienen su ridícula petulancia y dicen cosas como «las dos significan lo mismo» o «da igual» o incluso «yo me expreso como me da la gana». No se es más libre por ser más ignorante, sino todo lo contrario. En el DPD se dice que se puede usar escuchar en lugar de oír, pero antes se deja claro que es menos justificable que lo contrario. ¿Qué incoherencia es esa? Como he dicho anteriormente, nada es perfecto, ni siquiera el DPD, así que en los no muchos casos en los que falla, debemos hacer uso más que nunca —porque siempre ha de emplearse— de nuestra inteligencia, capacidades e información de la que disponemos para llegar a una conclusión más acertada. De todas formas, digas lo que digas, expliques lo que expliques, pase lo que pase, ellos siguen a lo suyo, sin atender a razones ni ver la realidad. Es que no hay peor ignorante que el que no quiere aprender, que es el necio. Es que son ganas de complicar las cosas, y sobre todo de no hacerlas bien incluso cuando no es difícil hacerlo... Como tengo dicho, incluso cada detalle de la manera de escribir y de hablar de una persona dice muchísimo sobre ella: su cultura, nacionalidad, personalidad, conocimientos, inteligencia, capacidades, actitud, voluntad, visión del mundo... y lo digna que es de emplear el código.

En el Centro Virtual Cervantes, en su Museo de los Horrores —de obligada lectura y consideración—, también se habla sobre el tema, y en Minucias del lenguaje de José G. Moreno de Alba.

En fin, creo que no merece la pena darle más vueltas al asunto; ya he expresado todo lo que quería. Que cada uno piense y haga lo que crea mejor, pero siempre habiéndose informado adecuadamente antes, que es la única manera de pensar y actuar mínimamente bien.

Espero tener pronto algo más de tiempo libre para proseguir con los signos de puntuación, y quizá escriba algunos artículos sobre ética social, que últimamente está degenerando mucho... Cuidaos, pero cuidad todavía más cómo y qué pensáis, y más todavía lo que hacéis y dejáis de hacer, porque todo es decisivo para determinar el futuro de nuestro mundo: nuestro futuro.


Última edición: 22 de agosto de 2013.

4 de noviembre de 2009

Punto

Quizá sea el signo de puntuación más frecuente. Su uso principal es señalar gráficamente la pausa que marca el final de un enunciado —que no sea interrogativo o exclamativo—, de un párrafo o de un texto. Se escribe sin separación de la palabra que lo precede y separado por un espacio de la palabra o el signo que lo sigue. La palabra que sigue al punto se escribe siempre con inicial mayúscula, excepto que se trate de punto abreviativo.

Tiene tres usos lingüísticos principales, y recibe tres nombres distintos en cada uno:

Cuando una frase u oración acaba y a continuación se va a expresar algo que tiene relación con lo explicado anteriormente, se emplea el punto y seguido —nombre más lógico y recomendable que el también usual de *punto seguido—.

Cuando se va a tratar de algo con cierta diferencia, se cierra y se termina el párrafo con el punto y aparte.

Cuando el texto termina —es decir, ya no se escribirá nada más a continuación— el último punto se denomina punto final. No es correcta la denominación *punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte.

Tiene dos usos más:

Se escribe después de las abreviaturas, con muy pocas excepciones; no es correcto escribir la gran mayoría de abreviaturas sin punto abreviativo.

Después o detrás de cada elemento abreviado o sigla en las siglas que no han sido adaptadas como palabras normales, opcionalmente se escribe un punto abreviativo (en todas ellas, incluida la última); aunque ya no se recomienda hacerlo por comodidad y agilidad, y porque no es necesario, incluso en enunciados escritos enteramente en mayúsculas.

Combinación con otros signos

El punto debe escribirse siempre detrás de las comillas, los paréntesis y las rayas de cierre, incluso aunque antes de ellos haya un signo de puntuación con valor de cierre, como el signo de exclamación, el de interrogarción, una abreviatura... 

No debe escribirse punto tras los signos de cierre de interrogación o de exclamación, pues ya contienen un punto y cierran el enunciado.

Si el punto de una abreviatura coincide con el punto de cierre del enunciado, solo debe escribirse un punto, nunca dos. Lo mismo ocurre con las siglas, en caso de que se escriban con puntos.

Nunca se escribe otro punto tras los puntos suspensivos cuando estos cierran un enunciado.

Usos no lingüísticos

Para separar las horas de los minutos cuando se expresan en números; para este uso, también pueden emplearse los dos puntos.

Para separar el día, mes y año en las fechas expresadas numéricamente; también se pueden usar el guión o la barra.

Usos incorrectos

No debe escribirse punto tras las unidades de millar en la expresión numérica de los años, ni en la numeración de páginas, portales de vías urbanas y códigos postales, ni en los números de artículos, decretos o leyes.

Aunque todavía es práctica común en los números escritos con cifras separar los millares, millones, etc., mediante un punto (o una coma, en los países en que se emplea el punto para separar la parte entera de la decimal), la norma internacional establece que se prescinda de él. Para facilitar la lectura de estos números, cuando constan de más de cuatro cifras se recomienda separar estas mediante espacios por grupos de tres, contando de derecha a izquierda. Esta recomendación no debe aplicarse en documentos contables ni en ningún tipo de escrito en que la separación arriesgue la seguridad. No se utiliza nunca esta separación, ni tampoco el punto, en la expresión numérica de los años, en la numeración de páginas, portales de vías urbanas y códigos postales, ni en los números de artículos, decretos o leyes.

Los símbolos (N, km, m, s, EUR, etc.), a diferencia de las abreviaturas, no llevan punto abreviativo nunca, pues no son abreviaciones, sino, como su propio nombre indica, símbolos.

Nunca se escribe punto tras los títulos y subtítulos de libros, artículos, capítulos, obras de arte, etc., cuando aparecen aislados y son el único texto del renglón. Tampoco llevan punto al final los nombres de autor en cubiertas, portadas, prólogos, firmas de cartas y otros documentos, o en cualquier otra ocasión en que aparezcan solos en un renglón.

Próximamente trataré sobre la coma, el signo de puntuación que más se emplea (aunque parece que hay personas que le tienen cierta aversión, y a otros les gusta tanto que la usan demasiado), y por consiguiente es de los más importantes para cualquier texto o escrito; el tema de los signos está casi terminado, así que en no mucho tiempo seguiré hablando de filosofía y otros aspectos de la lengua española.

¡Hasta la próxima!

24 de octubre de 2009

Paréntesis

Signo ortográfico doble con la forma ( ) que se usa para insertar en un enunciado una información complementaria o aclaratoria. Los paréntesis se escriben pegados a la primera y la última palabra del período que enmarcan, y separados por un espacio de las palabras que los preceden o los siguen (hay algunas excepciones); pero si lo que sigue al signo de cierre de paréntesis es un signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.

Usos

Para introducir incisos, con no mucha relación, en lo que se está diciendo, que tienen significado completo por sí mismos. Para menor grado de aislamiento, se usan la coma o la raya.

Para intercalar algún dato o precisión, como fechas, lugares, el desarrollo de una sigla, el nombre de un autor o de una obra citados, etc.

Para mostrar que algunos aspectos del texto pueden tener más de una opción o posibilidad: En el documento se indicará(n) el (los) día(s) en que haya tenido lugar la baja; Se necesita chico(a) para repartir pedidos. Como se ve en los ejemplos, los paréntesis que añaden segmentos van pegados a la palabra a la que se refieren. En este uso, la barra (/) también sirve.

Para encerrar, en las obras teatrales, las acotaciones del autor o los apartes de los personajes.

Las letras o números que introducen elementos de una clasificación o enumeración pueden escribirse entre paréntesis o, más frecuentemente, seguidas solo del paréntesis de cierre.

Combinación con otros signos

Los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre paréntesis se colocan siempre después del paréntesis de cierre. No debe colocarse ningún signo adicional solo por la presencia del texto entre paréntesis, aunque la oración se extienda mucho, ya que no supone ningún cambio en la estructura de la oración.

El texto contenido dentro de los paréntesis tiene una puntuación independiente, así que deben escribirse los signos de puntuación que sean necesarios; además, si el enunciado entre paréntesis es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación o de exclamación —de apertura y de cierre— deben colocarse dentro de los paréntesis.

Independientemente de que el texto entre paréntesis abarque todo el enunciado o solo parte de él, el punto se colocará siempre detrás o después del paréntesis de cierre: Se fue dando un portazo. (Creo que estaba muy enfadado).

Muy simple. Ya estamos un pequeño gran paso más cerca de la máxima perfección posiblemente alcanzable por un individuo de la especie humana. 

¡Hasta la próxima!

10 de octubre de 2009

Raya

Aquí estoy otra vez, más desesperado que la última por culpa de la estupidez de demasiadas personas, que las conduce irremediablemente a la ignorancia, la necedad y, en último término, a errar reiteradamente. Pero voy a olvidar eso, al menos por ahora, y vamos a lo bueno. Hoy voy a explicar qué es la raya, para qué sirve y cómo debe usarse.

La raya (que normalmente puede escribirse en ámbitos informáticos manteniendo presionada la tecla Alt y pulsando 0151 en el teclado numérico) es un signo de puntuación que se representa por un trazo horizontal (—) más largo que el correspondiente al guión (-), con el cual no debe confundirse. Las rayas —una de apertura y otra de cierre— se escriben pegadas a la primera y a la última letra del fragmento que enmarcan y separadas por un espacio de lo demás, excepto si lo que sigue a la de cierre es otro signo de puntuación, que se escribe pegado a ella. Hoy en día, la raya se emplea menos de lo recomendable; muchas veces se usa el paréntesis o la coma en el lugar que correspondería a la raya.

Usos

1. Para hacer aclaraciones o incisos con un valor aislante menor que el de los paréntesis pero mayor que el de las comas. La raya de cierre no se suprime aunque detrás de ella deba aparecer un punto o cualquier otro signo de puntuación.

2. Para hacer aclaraciones o incisos dentro de un texto ya encerrado entre paréntesis.

3. En textos narrativos, para introducir los comentarios del narrador a las intervenciones de los personajes. No se escribe raya de cierre si tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje; si sigue, debe colocarse: —No sé, señor —respondió él—. Alguna cosa nueva debe de ser; que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. Aunque el diálogo del personaje termine en un signo con valor de punto, como el signo de cierre de interrogación, el comentario entre rayas empieza igualmente en minúscula: —¿Tienes hora? —preguntó él. Cuando el comentario del narrador no se introduce con un verbo de habla (decir, añadir, asegurar, preguntar, exclamar, reponer...), las palabras del personaje deben cerrarse con punto y el inciso del narrador debe iniciarse con mayúscula: —Voy a tumbarme. —Se tumbó en la cama.

Creo que todo eso es lo más importante. Para más información, visita esta página del Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española y la ASALE en general.

Como siempre, una persona que usa la raya (correctamente, por supuesto) demuestra mucho sobre su personalidad y también sobre sus conocimientos lingüísticos y, por ende, sobre todos lo demás rasgos o aspectos. ¿Qué imagen quieres dar a los demás? O lo que es más importante todavía: ¿qué imagen quieres tener de ti mismo? 

Hasta la próxima, estimado lector.

1 de octubre de 2009

Comillas

Por varios motivos de peso he decidido tratar el tema de los signos de puntuación de manera paulatina, por partes. Para empezar, algo fácil y común: voy a explicar qué son las comillas, cómo es cada tipo y para qué sirve cada uno de ellos. Podría ocurrir que muchos pensasen que lo saben todo sobre ellas, pero la verdad es que hay demasiadas cosas que desconocen; y eso si se molestan en pensar cuándo y cómo emplearlas.

Las comillas son signos ortográficos, y se usan tres tipos en español o castellano: las comillas angulares, también llamadas españolas o latinas  (« »), las inglesas (“ ”) y las simples (‘ ’). Según parece, la mayoría de la gente no tiene ni idea de la existencia de las angulares, aun siendo muy importantes (hechos similares son muy frecuentes, desgraciadamente). Aparte de por otras razones, disponemos actualmente de estos tres tipos por una fundamental: para diferenciar las partes entrecomilladas dentro de otras partes ya entrecomilladas; se usan las comillas angulares como primer recurso, las inglesas como segunda opción y las simples como último uso; por ejemplo: «Antonio me dijo: “Vaya ‘cacharro’ que se ha comprado Julián”». Aunque es infrecuente necesitar tanto entrecomillado junto, si se diera el caso no tendríamos problemas si solemos emplear las angulares primero, pero si hacemos como la mayoría y usamos primeramente las inglesas (teniendo las españolas es poco recomendable y menos inteligente usar las inglesas, ¿no?) podríamos encontrarnos con problemas. Además, las comillas angulares están al mismo nivel que el resto de elementos, e incluso los abrazan cálidamente, como una flor que se cierra grácil y silenciosamente para proteger sus partes más especiales y delicadas con un abrazo suave y fresco, y por consiguiente son mucho más lógicas que las inglesas o las simples, que ambas están ahí arriba, altivas, frías, totalmente fuera de lugar, como esquivando su verdadera función.

En los teclados, por influjo de la lingüística de Estados Unidos, no vienen configuradas predeterminadamente las angulares para escribirlas con una sola tecla, así que hay que usar otros métodos, como mantener presionada la tecla Alt y pulsar en el teclado numérico (el de la derecha; ¡asegúrate de que está activado!) 174 para las de apertura y 175 para las de cierre. De todas formas, para los otros dos tipos también deberían pulsarse más teclas, ya que estos signos (" ") no son realmente las comillas inglesas, y estos otros (' ') no son realmente las simples (los códigos para escribirlas correctamente con teclado, bajo el sistema operativo Windows, son Alt y 0147/0148 y 0145/0146), sino que son las versiones simplificadas, rectas o informáticas, que solo deben emplearse en ámbitos de programación digital.

Alguien podría creer que la elección entre angulares e inglesas como primer recurso para entrecomillar es aparentemente subjetivo, y que va según los gustos y personalidad del usuario (para escribir a mano es posible que las inglesas sean más fáciles de escribir, pero escribiendo con ordenador no cuesta tanto presionar unas pocas teclas más), pero, desde siempre, en absolutamente todos los libros o cualquier tipo de texto —incluso los que están en catalán y en alguna que otra lengua más— serio o formal y de una cierta calidad se emplean como primera opción las angulares; así que, si aprecias la calidad y las cosas bien hechas, no hay duda de cuáles debes usar. Nuestra manera de expresarnos, ya sea escrita u oral, dice mucho de nosostros: debemos tener eso siempre en cuenta. Hay una diferencia abismal entre una persona que usa las comillas angulares y otra que no. Una cosa es usar las comillas inglesas en textos informales y que requieran rapidez al escribir, o en textos técnicos (p. ej., informáticos, por la programación, que se emplean las rectas), y otra muy diferente es usarlas siempre, porque sí...

Sean cuales sean tus elecciones —que espero que sabiendo todo lo que te estoy contando sean las acertadas—, hay unas situaciones determinadas para hacer uso de un determinado tipo de comillas, y esto ya es mucho menos opcional:

Para mostrar que el texto es una cita textual:
Paco dijo: «¡Al fin he conseguido dejar el tabaco!». 

En obras literarias, para enmarcar los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes.

Para indicar que una palabra o expresión es impropia, vulgar, procede de otra lengua o se utiliza irónicamente o con un sentido especial; en estos casos se puede —y se recomienda, como es obvio, para no cargar tantos usos a las comillas— hacer uso de la cursiva, que es lo que suele hacerse en textos formales y de calidad desde hace muchos siglos.

Cuando en un texto escrito a mano se comenta un término desde el punto de vista lingüístico, este se escribe entrecomillado, pero únicamente cuando no puede hacerse uso de la cursiva, la cual es siempre preferible en estos casos: La palabra «cándido» es esdrújula.

En obras de carácter lingüístico, las comillas simples se utilizan para enmarcar los significados: La voz apicultura está formada a partir de los términos latinos apis ‘abeja’ y cultura ‘cultivo, crianza’.

Se usan las comillas para citar el título de un artículo, un poema, un capítulo de un libro, un reportaje o, en general, cualquier parte dependiente dentro de una publicación; los títulos de los libros, por el contrario, se escriben en cursiva (o, como es lógico, en redonda si el texto normal va en cursiva).

Y estas siguientes son las normas para escribirlas en combinación con otros signos:

Aunque haya un fragmento entrecomillado, los signos de fuera se escriben normalmente:
Sus palabras fueron: «No lo haré»; pero al final nos ayudó.
¿De verdad ha dicho «hasta nunca»?


El texto que va dentro de las comillas tiene una puntuación independiente y lleva sus propios signos ortográficos. Por eso, si el enunciado entre comillas es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación y exclamación se escriben dentro de las comillas:
Le preguntó al conserje: «¿Dónde están los baños, por favor?». 
«¡Qué ganas tengo de que lleguen las vacaciones!», exclamó.

De esta regla debe excluirse el punto, que se escribirá detrás de las comillas de cierre cuando el texto entrecomillado ocupe la parte final de un enunciado o de un texto (ver el caso siguiente).

Cuando lo que va entrecomillado es el final de un enunciado o de un texto, debe colocarse punto detrás de las comillas de cierre, incluso si delante de las comillas va un signo de cierre de interrogación o de exclamación, o puntos suspensivos:
«No está el horno para bollos». Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.
«¿Dónde te crees que vas?». Esa pregunta lo detuvo en seco.
«Si pudiera decirle lo que pienso realmente...». A Pedro no le resultaba fácil hablar con sinceridad.

Lo mismo ocurre en los casos de la raya y el paréntesis, que también son signos de puntuación dobles; es decir, que se componen de uno de apertura y otro de cierre.

Y eso es todo, de manera más o menos simplificada o resumida... Como puede verse, he reutilizado datos del Diccionario panhispánico de dudas en línea de la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), de consulta gratuita disponible en la página electrónica de la Real Academia Española; únicamente he intentado hacer las explicaciones todavía más fáciles y resumidas y aportar lo que me ha parecido interesante. También he actualizado contenidos basándome en la nueva revisión de la Ortografía de la lengua española, de 2010. Para mucha más información, no dudes en visitar la página de la RAE, donde se encuentran para consulta gratuita el Diccionario de la lengua española (DRAE), el ya mencionado DPD y muchos más artículos con normas y convenciones oficiales, además de utilísimas explicaciones lingüísticas.

¡Hasta el próximo artículo!

Última edición: 29 de noviembre de 2013.

21 de septiembre de 2009

¿Por qué? Porque todo tiene su porqué...

Últimamente estoy bastante desconcertado y más preocupado de lo habitual por varias razones; una de ellas —y es la peor— es el infinito, irremediable y sempiterno carácter necio de demasiada gente. Resulta que, si te tomas la molestia de corregir errores lingüísticos a las personas, la mayoría, por causas muy poco racionales e impropias de la lógica, en vez de agradecértelo se enfadan, y según como les dé también te atacan y te insultan. Si los corrigieras mientras hablan en una reunión importante y formal, o entre personas no muy conocidas, te estaría bien merecido, porque ese no era el momento oportuno. Pero la cosa cambia, y mucho, cuando lo haces, por ejemplo, en unos foros dedicados exclusivamente a las lenguas, mediante la escritura. Si entras en ellos, te registras y hasta haces preguntas, ¿por qué entras en cólera o te sientes ofendido cuando alguien te corrige los errores? ¿Es que no quieres aprender? ¡Si tanta rabia te da ser un completo ignorante, apáñatelas para no serlo! Que no es tan difícil escribir mínimamente bien...

Pero bueno, ese no es el tema de hoy; únicamente quería expresar libremente una opinión muy importante y digna de tener en cuenta. El asunto principal de este artículo es la diferencia entre por qué, porque, porqué y por que; estos últimos días ya he visto demasiadas confusiones entre ellos en Internet, que, sumadas a las numerosas veces que había presenciado esos enormes fallos anteriormente, han rebasado el límite de tolerancia a las barbaridades de mi mente; así que lo explicaré, muy resumidamente para hacerlo más fácil de lo que ya es, por si sirve de algo; o, al menos, para desahogarme un poco... De todas maneras, siempre está la página electrónica de la Real Academia Española y las demás obras de toda la Asociación de Academias de la Lengua Española para resolver cualquier duda, confusión o error; en esta página que enlazo se explica perfectamente este tema y muchos otros, también de sumo interés.

Desgraciadamente, mucha gente ignora esas diferencias y confunde las cuatro formas frecuentemente, cometiendo así graves errores y haciendo difícil el entendimiento de las frases y oraciones que escribe; es menester recordar que cada uno de ellos tiene un significado diferente, y por consiguiente cambian el de la frase por completo. Además, como en casi todo en lo que a lengua española se refiere, es facilísimo saber distinguirlas, así que estoy ante la también sempiterna cuestión: ¿por qué se empeñan en hacerlo mal? Si fuese difícil todavía tendrían una excusa más o menos creíble; se trata, simplemente, de lo mismo de siempre: pasotismo y desinterés absolutos, la pereza por la pereza, la pasión por la ignorancia y el regocijo en la necedad.

Voy a proceder a explicarlo de una vez; empiezo por el que más se usa y prosigo en orden descendente:

por qué

Se emplea cuando se hace una pregunta o una exclamación, ya sea directa o indirectamente:

¿Por qué te comportas así?
No comprendo por qué te pones así.
¡Por qué calles más bonitas pasamos!


La tilde o acento gráfico, como siempre, es de vital importancia, así como la presencia o la ausencia del espacio.

porque

Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:

• Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:

No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].
La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].

También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:

—¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.

Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

• Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:

Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].

En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):

Hice cuanto pude por que no terminara así.

porqué

Siempre lleva tilde y tiene un significado equivalente a motivo, causa y razón. Como es un sustantivo o nombre suele llevar un artículo u otro determinante delante:

Todo tiene su porqué.
No sabemos el porqué de su mala actitud.


Es muy fácil detectarlo porque siempre puede sustituirse por la palabra motivo (o las otras dos que he dicho antes, pero cambiando el género del artículo, claro) sin variar en absoluto el sentido de la oración.

por que

No lleva nunca tilde. Puede tratarse de dos secuencias: la preposición por + el pronombre relativo que; en este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.); o de la preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:

Este es el motivo por (el) que te llamé.
Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos.
No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso.
Al final optaron por que no se presentase.
Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto.
Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.


Si deseas más información acerca de este o de cualquier otro aspecto lingüístico, échale un buen vistazo a la página del enlace que he colocado arriba y a toda la página electrónica de la RAE, donde, como digo, se explica prácticamente todo lo que se necesita saber acerca de la buena lingüística; alberga un conocimiento de valor incalculable, aunque algunos —todos ellos necios— no quieran reconocerlo. Es la mejor opción para aprender mucho sobre español en Internet, y además con el único coste de la electricidad y el servicio de conexión a la Red. Claro que también está la Ortografía de la lengua española, que es algo más carilla de obtener, pero es un gasto único para adquirir algo que dura toda la vida y que es utilísimo, así que está muy bien invertido.

Es posible que próximamente hable acerca de los signos de puntuación, ya que es uno de los aspectos que más se descuidan, habitualmente, a la hora de escribir; ¡y eso que son extremadamente importantes! Son la estructuras fundamentales de cualquier texto... ¡Aunque todo es importante a su manera!

¡Hasta pronto!

Última edición: 18 de agosto de 2013.

3 de septiembre de 2009

Consideraciones y escritura de símbolos como kB, MB, GB, kb, Mb, Gb...

¿Nunca te has preguntado a qué se debe la diferencia al ver que las cifras que dicen los fabricantes de equipo digital y las que muestran la mayoría de programas —como los propios sistemas operativos— no son las mismas? Por ejemplo, si compras un disco duro de 500 GB (gigabytes) y lo conectas a tu equipo, ¡tu sistema operativo indica que solo tiene unos 465 GB!

En realidad la capacidad no es menor de lo prometido; lo que ocurre es que tanto empresas de hardware como autores de software tienen sus costumbres e ideas y ninguno de ellos parece informarse mejor, rectificar y mejorar su manera de hacer las cosas. Pero ¿quién tiene razón, o quién está menos equivocado?

Prefijos decimales y binarios

El mayor problema de este tema de los símbolos informáticos como kb, kB, Mb, MB, Gb, GB, kb/s, Mb/s, KiB, MiB, GiB... es que la mayoría de personas, muchos informáticos profesionales incluidos, no conocen de manera suficiente los sistemas de medida de información digital, o los símbolos en general, y muy poco hace falta entonces para que se cree una caótica confusión de expresiones que está durando ya más de tres décadas.

k = kilo- = 1 000
M = mega- = 1 000 000
G = giga- = 1 000 000 000

Resulta que para los datos técnicos de hardware suele emplearse el sistema decimal, y no el binario, y por tanto se usan estos prefijos decimales; mientras que la mayoría de programas, que usan el sistema binario, también usan estos prefijos y los tratan como si fueran binarios, cuando en realidad no lo son. Es decir, los prefijos kilo-, mega-, giga-, tera-... son decimales.

En principio puede llegar a creerse (en ámbitos puramente informáticos) que 1 GB son 1 024 MB (megabytes) y no 1 000; o 1 MB son 1 024 kB (kilobytes) y no 1 000... Pero la realidad es que 1 GB son exactamente 1 000 MB, y 1 MB son 1 000 kB, según los auténticos significados de estos prefijos.


Hace ya unas décadas se acostumbraba a expresar la capacidad de cualquier dispositivo informático en K, y más recientemente en KB (ambos supuestamente simbolizando kilobyte), como símbolos adaptados a las nuevas tecnologías que empezaban ya a popularizarse. El problema es que K (mayúscula) en realidad significa ‘kelvin’, y no kilo-, que es siempre k (minúscula), y ni K ni KB están oficialmente aceptados por ninguna organización o convención como sinónimos de kilobyte. La única manera estándar de escribir kilobyte en forma de símbolo es kB; a pesar de todo esto, todavía hoy muchas personas confunden la K y la k y los símbolos pierden efectividad y significado al ser intercambiados constantemente.

Es por eso que la International Electrotechnical Commission intentó acabar allá por 1998 con la enorme confusión creando prefijos binarios:

kibi- = Ki
mebi- = Mi
gibi- = Gi
tebi- = Ti

Pero por lo visto, los kibibytes (KiB), los mebibytes (MiB), los gibibytes (GiB) y demás unidades binarias por alguna razón no han acabado de ser muy populares, lamentablemente. Así que actualmente los fabricantes de hardware suelen emplear prefijos decimales como decimales, y muchos creadores de software siguen utilizando, por alguna razón, prefijos decimales como binarios, perpetuando la consiguiente confusión entre el público.

¿Cuándo es k y cuándo K?

Según las normas y convenciones internacional y oficialmente aceptadas kilobyte se escribe con k minúscula porque es el símbolo del prefijo kilo-, por lo que debe escribirse kB, nunca *KB (que sería algo así como ¿kelvin byte?...). Ocurre lo mismo con kb (kilobit) y con todo el resto de usos del prefijo kilo-, como en km (kilómetro; no *Km), kHz (kilohercio; no *KHz), etcétera.

Hemos visto que k (kilo-) es un prefijo decimal que equivale a 1 000 unidades. Por ello, hay quienes quieren insisten en establecer K (mayúscula) como su versión binaria. Pero esto no sería en absoluto conveniente.

No se acepta K (mayúscula) como prefijo binario porque ya existen oficialmente los prefijos binarios, como se ha mencionado anteriormente desde 1998, para expresar cada cantidad con sus unidades concretas y correspondientes, que al tener más diferencias gráficas con los prefijos decimales evitarían mucho mejor cualquier mera confusión. La existencia de k y K hace muy frecuente la confusión entre ambos símbolos por su similitud gráfica, y si se aceptara K como prefijo binario la situación sería mucho más caótica si cabe. ¿Y qué pasaría con M (mega-), G (giga-)...? ¿Deberíamos tener dos formas muy parecidas también de cada uno, cambiando solo de mayúsculas a minúsculas, por ejemplo? Eso sería absurdo.

Por consiguiente, es mucho más recomendable usar los prefijos decimales como prefijos decimales, y los prefijos binarios ya asignados oficialmente como prefijos binarios.

Cabe destacar que k, al igual que el resto de símbolos que representan prefijos, no deben escribirse individualmente, sin otro elemento al que unirse: por ejemplo, 60 kg, no *60 k.

La diferencia entre b y B

Algo relativamente similar ocurre con los símbolos de bit (b) y byte (B), que lamentablemente se confunden e intercambian más de lo recomendable, con la consiguiente incertidumbre que puede llegar a generarse y los posibles errores que pueden cometerse. Esta confusión es mucho peor si cabe que todo lo comentado anteriormente, y a pesar de ser un tema mucho menos complejo, todavía no está libre de problemas. La diferencia entre ellos es bien clara: un byte son ocho bits.

b = bit
B = byte = 8 b

Habitualmente los bits se usan para expresar velocidad (por ejemplo, 100 Mb/s), mientras que los bytes se emplean para indicar capacidad de almacenamiento (por ejemplo, 500 GB).

Recordemos también que el por de, por ejemplo, megabit por segundo, se expresa con una barra (/), no con p, ya que este símbolo pertenece en realidad al prefijo pico- (0,000 000 000 001). Representar el por con p es por consiguiente incorrecto porque no es símbolo, pero tampoco abreviación, y recordemos igualmente que los símbolos solo pueden unirse con otros símbolos, y por tanto es incorrecto mezclar símbolos y otros elementos en la misma expresión.

En conclusión, opino que todos deberíamos acostumbrarnos a usar las formas binarias más a menudo, cuando sea adecuado. Pero lo más importante de todo es tener como mínimo el conocimiento necesario para no cometer errores. Eso sería lo más coherente y conveniente.

Saludos cibernéticos.

Véase también
Abreviaturas, siglas, acrónimos y símbolos: lista y consideraciones vitales
Abreviaturas, siglas, acrónimos y símbolos

Última edición: 15 de octubre de 2015.