24 de octubre de 2009

Paréntesis

Signo ortográfico doble con la forma ( ) que se usa para insertar en un enunciado una información complementaria o aclaratoria. Los paréntesis se escriben pegados a la primera y la última palabra del período que enmarcan, y separados por un espacio de las palabras que los preceden o los siguen (hay algunas excepciones); pero si lo que sigue al signo de cierre de paréntesis es un signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.

Usos

Para introducir incisos, con no mucha relación, en lo que se está diciendo, que tienen significado completo por sí mismos. Para menor grado de aislamiento, se usan la coma o la raya.

Para intercalar algún dato o precisión, como fechas, lugares, el desarrollo de una sigla, el nombre de un autor o de una obra citados, etc.

Para mostrar que algunos aspectos del texto pueden tener más de una opción o posibilidad: En el documento se indicará(n) el (los) día(s) en que haya tenido lugar la baja; Se necesita chico(a) para repartir pedidos. Como se ve en los ejemplos, los paréntesis que añaden segmentos van pegados a la palabra a la que se refieren. En este uso, la barra (/) también sirve.

Para encerrar, en las obras teatrales, las acotaciones del autor o los apartes de los personajes.

Las letras o números que introducen elementos de una clasificación o enumeración pueden escribirse entre paréntesis o, más frecuentemente, seguidas solo del paréntesis de cierre.

Combinación con otros signos

Los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre paréntesis se colocan siempre después del paréntesis de cierre. No debe colocarse ningún signo adicional solo por la presencia del texto entre paréntesis, aunque la oración se extienda mucho, ya que no supone ningún cambio en la estructura de la oración.

El texto contenido dentro de los paréntesis tiene una puntuación independiente, así que deben escribirse los signos de puntuación que sean necesarios; además, si el enunciado entre paréntesis es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación o de exclamación —de apertura y de cierre— deben colocarse dentro de los paréntesis.

Independientemente de que el texto entre paréntesis abarque todo el enunciado o solo parte de él, el punto se colocará siempre detrás o después del paréntesis de cierre: Se fue dando un portazo. (Creo que estaba muy enfadado).

Muy simple. Ya estamos un pequeño gran paso más cerca de la máxima perfección posiblemente alcanzable por un individuo de la especie humana. 

¡Hasta la próxima!

10 de octubre de 2009

Raya

Aquí estoy otra vez, más desesperado que la última por culpa de la estupidez de demasiadas personas, que las conduce irremediablemente a la ignorancia, la necedad y, en último término, a errar reiteradamente. Pero voy a olvidar eso, al menos por ahora, y vamos a lo bueno. Hoy voy a explicar qué es la raya, para qué sirve y cómo debe usarse.

La raya (que normalmente puede escribirse en ámbitos informáticos manteniendo presionada la tecla Alt y pulsando 0151 en el teclado numérico) es un signo de puntuación que se representa por un trazo horizontal (—) más largo que el correspondiente al guión (-), con el cual no debe confundirse. Las rayas —una de apertura y otra de cierre— se escriben pegadas a la primera y a la última letra del fragmento que enmarcan y separadas por un espacio de lo demás, excepto si lo que sigue a la de cierre es otro signo de puntuación, que se escribe pegado a ella. Hoy en día, la raya se emplea menos de lo recomendable; muchas veces se usa el paréntesis o la coma en el lugar que correspondería a la raya.

Usos

1. Para hacer aclaraciones o incisos con un valor aislante menor que el de los paréntesis pero mayor que el de las comas. La raya de cierre no se suprime aunque detrás de ella deba aparecer un punto o cualquier otro signo de puntuación.

2. Para hacer aclaraciones o incisos dentro de un texto ya encerrado entre paréntesis.

3. En textos narrativos, para introducir los comentarios del narrador a las intervenciones de los personajes. No se escribe raya de cierre si tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje; si sigue, debe colocarse: —No sé, señor —respondió él—. Alguna cosa nueva debe de ser; que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. Aunque el diálogo del personaje termine en un signo con valor de punto, como el signo de cierre de interrogación, el comentario entre rayas empieza igualmente en minúscula: —¿Tienes hora? —preguntó él. Cuando el comentario del narrador no se introduce con un verbo de habla (decir, añadir, asegurar, preguntar, exclamar, reponer...), las palabras del personaje deben cerrarse con punto y el inciso del narrador debe iniciarse con mayúscula: —Voy a tumbarme. —Se tumbó en la cama.

Creo que todo eso es lo más importante. Para más información, visita esta página del Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española y la ASALE en general.

Como siempre, una persona que usa la raya (correctamente, por supuesto) demuestra mucho sobre su personalidad y también sobre sus conocimientos lingüísticos y, por ende, sobre todos lo demás rasgos o aspectos. ¿Qué imagen quieres dar a los demás? O lo que es más importante todavía: ¿qué imagen quieres tener de ti mismo? 

Hasta la próxima, estimado lector.

1 de octubre de 2009

Comillas

Por varios motivos de peso he decidido tratar el tema de los signos de puntuación de manera paulatina, por partes. Para empezar, algo fácil y común: voy a explicar qué son las comillas, cómo es cada tipo y para qué sirve cada uno de ellos. Podría ocurrir que muchos pensasen que lo saben todo sobre ellas, pero la verdad es que hay demasiadas cosas que desconocen; y eso si se molestan en pensar cuándo y cómo emplearlas.

Las comillas son signos ortográficos, y se usan tres tipos en español o castellano: las comillas angulares, también llamadas españolas o latinas  (« »), las inglesas (“ ”) y las simples (‘ ’). Según parece, la mayoría de la gente no tiene ni idea de la existencia de las angulares, aun siendo muy importantes (hechos similares son muy frecuentes, desgraciadamente). Aparte de por otras razones, disponemos actualmente de estos tres tipos por una fundamental: para diferenciar las partes entrecomilladas dentro de otras partes ya entrecomilladas; se usan las comillas angulares como primer recurso, las inglesas como segunda opción y las simples como último uso; por ejemplo: «Antonio me dijo: “Vaya ‘cacharro’ que se ha comprado Julián”». Aunque es infrecuente necesitar tanto entrecomillado junto, si se diera el caso no tendríamos problemas si solemos emplear las angulares primero, pero si hacemos como la mayoría y usamos primeramente las inglesas (teniendo las españolas es poco recomendable y menos inteligente usar las inglesas, ¿no?) podríamos encontrarnos con problemas. Además, las comillas angulares están al mismo nivel que el resto de elementos, e incluso los abrazan cálidamente, como una flor que se cierra grácil y silenciosamente para proteger sus partes más especiales y delicadas con un abrazo suave y fresco, y por consiguiente son mucho más lógicas que las inglesas o las simples, que ambas están ahí arriba, altivas, frías, totalmente fuera de lugar, como esquivando su verdadera función.

En los teclados, por influjo de la lingüística de Estados Unidos, no vienen configuradas predeterminadamente las angulares para escribirlas con una sola tecla, así que hay que usar otros métodos, como mantener presionada la tecla Alt y pulsar en el teclado numérico (el de la derecha; ¡asegúrate de que está activado!) 174 para las de apertura y 175 para las de cierre. De todas formas, para los otros dos tipos también deberían pulsarse más teclas, ya que estos signos (" ") no son realmente las comillas inglesas, y estos otros (' ') no son realmente las simples (los códigos para escribirlas correctamente con teclado, bajo el sistema operativo Windows, son Alt y 0147/0148 y 0145/0146), sino que son las versiones simplificadas, rectas o informáticas, que solo deben emplearse en ámbitos de programación digital.

Alguien podría creer que la elección entre angulares e inglesas como primer recurso para entrecomillar es aparentemente subjetivo, y que va según los gustos y personalidad del usuario (para escribir a mano es posible que las inglesas sean más fáciles de escribir, pero escribiendo con ordenador no cuesta tanto presionar unas pocas teclas más), pero, desde siempre, en absolutamente todos los libros o cualquier tipo de texto —incluso los que están en catalán y en alguna que otra lengua más— serio o formal y de una cierta calidad se emplean como primera opción las angulares; así que, si aprecias la calidad y las cosas bien hechas, no hay duda de cuáles debes usar. Nuestra manera de expresarnos, ya sea escrita u oral, dice mucho de nosostros: debemos tener eso siempre en cuenta. Hay una diferencia abismal entre una persona que usa las comillas angulares y otra que no. Una cosa es usar las comillas inglesas en textos informales y que requieran rapidez al escribir, o en textos técnicos (p. ej., informáticos, por la programación, que se emplean las rectas), y otra muy diferente es usarlas siempre, porque sí...

Sean cuales sean tus elecciones —que espero que sabiendo todo lo que te estoy contando sean las acertadas—, hay unas situaciones determinadas para hacer uso de un determinado tipo de comillas, y esto ya es mucho menos opcional:

Para mostrar que el texto es una cita textual:
Paco dijo: «¡Al fin he conseguido dejar el tabaco!». 

En obras literarias, para enmarcar los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes.

Para indicar que una palabra o expresión es impropia, vulgar, procede de otra lengua o se utiliza irónicamente o con un sentido especial; en estos casos se puede —y se recomienda, como es obvio, para no cargar tantos usos a las comillas— hacer uso de la cursiva, que es lo que suele hacerse en textos formales y de calidad desde hace muchos siglos.

Cuando en un texto escrito a mano se comenta un término desde el punto de vista lingüístico, este se escribe entrecomillado, pero únicamente cuando no puede hacerse uso de la cursiva, la cual es siempre preferible en estos casos: La palabra «cándido» es esdrújula.

En obras de carácter lingüístico, las comillas simples se utilizan para enmarcar los significados: La voz apicultura está formada a partir de los términos latinos apis ‘abeja’ y cultura ‘cultivo, crianza’.

Se usan las comillas para citar el título de un artículo, un poema, un capítulo de un libro, un reportaje o, en general, cualquier parte dependiente dentro de una publicación; los títulos de los libros, por el contrario, se escriben en cursiva (o, como es lógico, en redonda si el texto normal va en cursiva).

Y estas siguientes son las normas para escribirlas en combinación con otros signos:

Aunque haya un fragmento entrecomillado, los signos de fuera se escriben normalmente:
Sus palabras fueron: «No lo haré»; pero al final nos ayudó.
¿De verdad ha dicho «hasta nunca»?


El texto que va dentro de las comillas tiene una puntuación independiente y lleva sus propios signos ortográficos. Por eso, si el enunciado entre comillas es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación y exclamación se escriben dentro de las comillas:
Le preguntó al conserje: «¿Dónde están los baños, por favor?». 
«¡Qué ganas tengo de que lleguen las vacaciones!», exclamó.

De esta regla debe excluirse el punto, que se escribirá detrás de las comillas de cierre cuando el texto entrecomillado ocupe la parte final de un enunciado o de un texto (ver el caso siguiente).

Cuando lo que va entrecomillado es el final de un enunciado o de un texto, debe colocarse punto detrás de las comillas de cierre, incluso si delante de las comillas va un signo de cierre de interrogación o de exclamación, o puntos suspensivos:
«No está el horno para bollos». Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.
«¿Dónde te crees que vas?». Esa pregunta lo detuvo en seco.
«Si pudiera decirle lo que pienso realmente...». A Pedro no le resultaba fácil hablar con sinceridad.

Lo mismo ocurre en los casos de la raya y el paréntesis, que también son signos de puntuación dobles; es decir, que se componen de uno de apertura y otro de cierre.

Y eso es todo, de manera más o menos simplificada o resumida... Como puede verse, he reutilizado datos del Diccionario panhispánico de dudas en línea de la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), de consulta gratuita disponible en la página electrónica de la Real Academia Española; únicamente he intentado hacer las explicaciones todavía más fáciles y resumidas y aportar lo que me ha parecido interesante. También he actualizado contenidos basándome en la nueva revisión de la Ortografía de la lengua española, de 2010. Para mucha más información, no dudes en visitar la página de la RAE, donde se encuentran para consulta gratuita el Diccionario de la lengua española (DRAE), el ya mencionado DPD y muchos más artículos con normas y convenciones oficiales, además de utilísimas explicaciones lingüísticas.

¡Hasta el próximo artículo!

Última edición: 29 de noviembre de 2013.

21 de septiembre de 2009

¿Por qué? Porque todo tiene su porqué...

Últimamente estoy bastante desconcertado y más preocupado de lo habitual por varias razones; una de ellas —y es la peor— es el infinito, irremediable y sempiterno carácter necio de demasiada gente. Resulta que, si te tomas la molestia de corregir errores lingüísticos a las personas, la mayoría, por causas muy poco racionales e impropias de la lógica, en vez de agradecértelo se enfadan, y según como les dé también te atacan y te insultan. Si los corrigieras mientras hablan en una reunión importante y formal, o entre personas no muy conocidas, te estaría bien merecido, porque ese no era el momento oportuno. Pero la cosa cambia, y mucho, cuando lo haces, por ejemplo, en unos foros dedicados exclusivamente a las lenguas, mediante la escritura. Si entras en ellos, te registras y hasta haces preguntas, ¿por qué entras en cólera o te sientes ofendido cuando alguien te corrige los errores? ¿Es que no quieres aprender? ¡Si tanta rabia te da ser un completo ignorante, apáñatelas para no serlo! Que no es tan difícil escribir mínimamente bien...

Pero bueno, ese no es el tema de hoy; únicamente quería expresar libremente una opinión muy importante y digna de tener en cuenta. El asunto principal de este artículo es la diferencia entre por qué, porque, porqué y por que; estos últimos días ya he visto demasiadas confusiones entre ellos en Internet, que, sumadas a las numerosas veces que había presenciado esos enormes fallos anteriormente, han rebasado el límite de tolerancia a las barbaridades de mi mente; así que lo explicaré, muy resumidamente para hacerlo más fácil de lo que ya es, por si sirve de algo; o, al menos, para desahogarme un poco... De todas maneras, siempre está la página electrónica de la Real Academia Española y las demás obras de toda la Asociación de Academias de la Lengua Española para resolver cualquier duda, confusión o error; en esta página que enlazo se explica perfectamente este tema y muchos otros, también de sumo interés.

Desgraciadamente, mucha gente ignora esas diferencias y confunde las cuatro formas frecuentemente, cometiendo así graves errores y haciendo difícil el entendimiento de las frases y oraciones que escribe; es menester recordar que cada uno de ellos tiene un significado diferente, y por consiguiente cambian el de la frase por completo. Además, como en casi todo en lo que a lengua española se refiere, es facilísimo saber distinguirlas, así que estoy ante la también sempiterna cuestión: ¿por qué se empeñan en hacerlo mal? Si fuese difícil todavía tendrían una excusa más o menos creíble; se trata, simplemente, de lo mismo de siempre: pasotismo y desinterés absolutos, la pereza por la pereza, la pasión por la ignorancia y el regocijo en la necedad.

Voy a proceder a explicarlo de una vez; empiezo por el que más se usa y prosigo en orden descendente:

por qué

Se emplea cuando se hace una pregunta o una exclamación, ya sea directa o indirectamente:

¿Por qué te comportas así?
No comprendo por qué te pones así.
¡Por qué calles más bonitas pasamos!


La tilde o acento gráfico, como siempre, es de vital importancia, así como la presencia o la ausencia del espacio.

porque

Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:

• Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:

No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].
La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].

También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:

—¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.

Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

• Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:

Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].

En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):

Hice cuanto pude por que no terminara así.

porqué

Siempre lleva tilde y tiene un significado equivalente a motivo, causa y razón. Como es un sustantivo o nombre suele llevar un artículo u otro determinante delante:

Todo tiene su porqué.
No sabemos el porqué de su mala actitud.


Es muy fácil detectarlo porque siempre puede sustituirse por la palabra motivo (o las otras dos que he dicho antes, pero cambiando el género del artículo, claro) sin variar en absoluto el sentido de la oración.

por que

No lleva nunca tilde. Puede tratarse de dos secuencias: la preposición por + el pronombre relativo que; en este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.); o de la preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:

Este es el motivo por (el) que te llamé.
Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos.
No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso.
Al final optaron por que no se presentase.
Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto.
Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.


Si deseas más información acerca de este o de cualquier otro aspecto lingüístico, échale un buen vistazo a la página del enlace que he colocado arriba y a toda la página electrónica de la RAE, donde, como digo, se explica prácticamente todo lo que se necesita saber acerca de la buena lingüística; alberga un conocimiento de valor incalculable, aunque algunos —todos ellos necios— no quieran reconocerlo. Es la mejor opción para aprender mucho sobre español en Internet, y además con el único coste de la electricidad y el servicio de conexión a la Red. Claro que también está la Ortografía de la lengua española, que es algo más carilla de obtener, pero es un gasto único para adquirir algo que dura toda la vida y que es utilísimo, así que está muy bien invertido.

Es posible que próximamente hable acerca de los signos de puntuación, ya que es uno de los aspectos que más se descuidan, habitualmente, a la hora de escribir; ¡y eso que son extremadamente importantes! Son la estructuras fundamentales de cualquier texto... ¡Aunque todo es importante a su manera!

¡Hasta pronto!

Última edición: 18 de agosto de 2013.

3 de septiembre de 2009

Consideraciones y escritura de símbolos como kB, MB, GB, kb, Mb, Gb...

¿Nunca te has preguntado a qué se debe la diferencia al ver que las cifras que dicen los fabricantes de equipo digital y las que muestran la mayoría de programas —como los propios sistemas operativos— no son las mismas? Por ejemplo, si compras un disco duro de 500 GB (gigabytes) y lo conectas a tu equipo, ¡tu sistema operativo indica que solo tiene unos 465 GB!

En realidad la capacidad no es menor de lo prometido; lo que ocurre es que tanto empresas de hardware como autores de software tienen sus costumbres e ideas y ninguno de ellos parece informarse mejor, rectificar y mejorar su manera de hacer las cosas. Pero ¿quién tiene razón, o quién está menos equivocado?

Prefijos decimales y binarios

El mayor problema de este tema de los símbolos informáticos como kb, kB, Mb, MB, Gb, GB, kb/s, Mb/s, KiB, MiB, GiB... es que la mayoría de personas, muchos informáticos profesionales incluidos, no conocen de manera suficiente los sistemas de medida de información digital, o los símbolos en general, y muy poco hace falta entonces para que se cree una caótica confusión de expresiones que está durando ya más de tres décadas.

k = kilo- = 1 000
M = mega- = 1 000 000
G = giga- = 1 000 000 000

Resulta que para los datos técnicos de hardware suele emplearse el sistema decimal, y no el binario, y por tanto se usan estos prefijos decimales; mientras que la mayoría de programas, que usan el sistema binario, también usan estos prefijos y los tratan como si fueran binarios, cuando en realidad no lo son. Es decir, los prefijos kilo-, mega-, giga-, tera-... son decimales.

En principio puede llegar a creerse (en ámbitos puramente informáticos) que 1 GB son 1 024 MB (megabytes) y no 1 000; o 1 MB son 1 024 kB (kilobytes) y no 1 000... Pero la realidad es que 1 GB son exactamente 1 000 MB, y 1 MB son 1 000 kB, según los auténticos significados de estos prefijos.


Hace ya unas décadas se acostumbraba a expresar la capacidad de cualquier dispositivo informático en K, y más recientemente en KB (ambos supuestamente simbolizando kilobyte), como símbolos adaptados a las nuevas tecnologías que empezaban ya a popularizarse. El problema es que K (mayúscula) en realidad significa ‘kelvin’, y no kilo-, que es siempre k (minúscula), y ni K ni KB están oficialmente aceptados por ninguna organización o convención como sinónimos de kilobyte. La única manera estándar de escribir kilobyte en forma de símbolo es kB; a pesar de todo esto, todavía hoy muchas personas confunden la K y la k y los símbolos pierden efectividad y significado al ser intercambiados constantemente.

Es por eso que la International Electrotechnical Commission intentó acabar allá por 1998 con la enorme confusión creando prefijos binarios:

kibi- = Ki
mebi- = Mi
gibi- = Gi
tebi- = Ti

Pero por lo visto, los kibibytes (KiB), los mebibytes (MiB), los gibibytes (GiB) y demás unidades binarias por alguna razón no han acabado de ser muy populares, lamentablemente. Así que actualmente los fabricantes de hardware suelen emplear prefijos decimales como decimales, y muchos creadores de software siguen utilizando, por alguna razón, prefijos decimales como binarios, perpetuando la consiguiente confusión entre el público.

¿Cuándo es k y cuándo K?

Según las normas y convenciones internacional y oficialmente aceptadas kilobyte se escribe con k minúscula porque es el símbolo del prefijo kilo-, por lo que debe escribirse kB, nunca *KB (que sería algo así como ¿kelvin byte?...). Ocurre lo mismo con kb (kilobit) y con todo el resto de usos del prefijo kilo-, como en km (kilómetro; no *Km), kHz (kilohercio; no *KHz), etcétera.

Hemos visto que k (kilo-) es un prefijo decimal que equivale a 1 000 unidades. Por ello, hay quienes quieren insisten en establecer K (mayúscula) como su versión binaria. Pero esto no sería en absoluto conveniente.

No se acepta K (mayúscula) como prefijo binario porque ya existen oficialmente los prefijos binarios, como se ha mencionado anteriormente desde 1998, para expresar cada cantidad con sus unidades concretas y correspondientes, que al tener más diferencias gráficas con los prefijos decimales evitarían mucho mejor cualquier mera confusión. La existencia de k y K hace muy frecuente la confusión entre ambos símbolos por su similitud gráfica, y si se aceptara K como prefijo binario la situación sería mucho más caótica si cabe. ¿Y qué pasaría con M (mega-), G (giga-)...? ¿Deberíamos tener dos formas muy parecidas también de cada uno, cambiando solo de mayúsculas a minúsculas, por ejemplo? Eso sería absurdo.

Por consiguiente, es mucho más recomendable usar los prefijos decimales como prefijos decimales, y los prefijos binarios ya asignados oficialmente como prefijos binarios.

Cabe destacar que k, al igual que el resto de símbolos que representan prefijos, no deben escribirse individualmente, sin otro elemento al que unirse: por ejemplo, 60 kg, no *60 k.

La diferencia entre b y B

Algo relativamente similar ocurre con los símbolos de bit (b) y byte (B), que lamentablemente se confunden e intercambian más de lo recomendable, con la consiguiente incertidumbre que puede llegar a generarse y los posibles errores que pueden cometerse. Esta confusión es mucho peor si cabe que todo lo comentado anteriormente, y a pesar de ser un tema mucho menos complejo, todavía no está libre de problemas. La diferencia entre ellos es bien clara: un byte son ocho bits.

b = bit
B = byte = 8 b

Habitualmente los bits se usan para expresar velocidad (por ejemplo, 100 Mb/s), mientras que los bytes se emplean para indicar capacidad de almacenamiento (por ejemplo, 500 GB).

Recordemos también que el por de, por ejemplo, megabit por segundo, se expresa con una barra (/), no con p, ya que este símbolo pertenece en realidad al prefijo pico- (0,000 000 000 001). Representar el por con p es por consiguiente incorrecto porque no es símbolo, pero tampoco abreviación, y recordemos igualmente que los símbolos solo pueden unirse con otros símbolos, y por tanto es incorrecto mezclar símbolos y otros elementos en la misma expresión.

En conclusión, opino que todos deberíamos acostumbrarnos a usar las formas binarias más a menudo, cuando sea adecuado. Pero lo más importante de todo es tener como mínimo el conocimiento necesario para no cometer errores. Eso sería lo más coherente y conveniente.

Saludos cibernéticos.

Véase también
Abreviaturas, siglas, acrónimos y símbolos: lista y consideraciones vitales
Abreviaturas, siglas, acrónimos y símbolos

Última edición: 15 de octubre de 2015.

31 de agosto de 2009

Adverbios con posesivos

Está bastante extendido el uso de posesivos en referencia a adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente. Sin embargo, el sistema de la lengua española no acepta de manera natural este tipo de construcciones, por lo que en la lengua culta debe evitarse el uso de esos adverbios con adjetivos posesivos. Así pues, no debe decirse *detrás mío, *delante suyo, etc., sino detrás de mí, delante de él, etc. La razón es que en esos casos lo coherente y natural en la lengua española es emplear pronombres en lugar de posesivos, como se muestra en los ejemplos siguientes:

Estoy delante de María.
=
Estoy delante de ella.
≠
*Estoy delante suyo.

Podemos sustituir María por ella, pero no por suyo. Aparte de por interferencias con otras lenguas como el catalán, este vicio puede aparecer por lo intuitivo que resulta relacionar vocablos con denotaciones de lugar con el punto de vista de cada persona y mezclar así conceptos: en el ejemplo anterior, me encuentro en lo que podemos percibir como el delante de María, su delante; pero tal como estas últimas palabras demuestran, tales consideraciones carecen de sentido en cualquier construcción lingüística del sistema de la lengua española, pues delante no es sustantivo, sino adverbio, por lo que no es correcto ni adecuado tratarlo como tal y decir *el delante, *su delante o *delante suyo. Lo mismo ocurre con el resto de adverbios, como después, antes, etc.: *antes mío, *después tuyo.

Todo lo anterior se aplica, como es evidente, a los adverbios, no a los auténticos sustantivos como lado, que como puede comprenderse tienen otras características:

Estoy al lado de María.
=
Estoy al lado suyo.
=
Estoy a su lado.

Además, es de vital importancia señalar que, como es natural, el posesivo pospuesto debe concordar en género con el sustantivo al que modifica; así pues, debe decirse al lado suyo (nunca al lado *suya), puesto que el sustantivo lado es masculino y el posesivo se refiere a él y a ningún otro fragmento de la frase u oración.

En otras lenguas como el catalán —que ya he mencionado anteriormente— sí es correcto decir, por ejemplo, davant meu, ya que se trata de un sistema diferente que, aunque bastante similar, tiene sus propias consideraciones y características (y por supuesto siempre concuerdan en género, como es lógico); cada idioma tiene sus rasgos, propiedades, características, convenciones y consideraciones, y no deben mezclarse arbitrariamente con las de otros, ni desaparecer en sustitución de otras en vano, etc. Es absurdo y pernicioso copiar costumbres y características de lenguas extranjeras innecesariamente, en detrimento de la coherencia y la identidad de otras.

Este artículo demuestra flagrantemente que no es capricho de nadie que no se dé por válido el uso de posesivos con adverbios, sino que hay razones lógicas, racionales e indiscutibles para no hacerlo, y permite que toda persona, aunque su nivel lingüístico sea mínimo, lo comprendenda. Eso es, precisamente, lo primero que quiero conseguir escribiendo aquí.

Y, como suelo decir, lo que pretendo no es que escribamos y hablemos todos a la suma perfección, sino hacerlo mínimamente bien, lo justo para el código del mensaje sea coherente, correcto, eficiente y muy fácilmente comprensible y poder así, también, apreciar, respetar y valorar la lingüística como se merece, y no destruirla (lo que si se llegara a dar acabaría también con nosotros...). Si no se usa correctamente el código, ¡el mensaje que se desea transmitir de poco sirve! Hay que tener muy en cuenta y no olvidar jamás que cuanto mejor usemos los códigos con los cuales transmitimos información o datos, más merecedores seremos de tener el derecho, el honor y el privilegio de emplearlos. Un buen mensaje transmitido con un mal código es como un mensaje absurdo e incongruente, porque no puede ser fácil, correcta y adecuadamente entendido. Lo que más rabia me da no es que se haga demasiado frecuentemente muy mal uso de la lengua —que también, por supuesto—, sino el pasotismo y la dejadez, la ignorancia y la necedad, que ello demuestra; la visceral manía de anteponer todo lo demás a la lingüística. Si no tenemos respeto ni interés por algo que nos ha servido, nos sirve y nos servirá tanto y tan bien, ¿cómo vamos a respetarnos a nosotros mismos y avanzar como especie inteligente? Una persona no puede considerarse inteligente y culta hasta que domine suficientemente su lengua nativa, tanto de manera escrita como, por consiguiente, hablada. Y por supuesto cuantos más idiomas se aprendan, mucho mejor, pero eso es secundario. De nada sirve saber poco de muchos campos; eso es conocimiento basura, falso, irreal. Antes que nada hay que tener una base bien sólida para poder soportar perfectamente otros conocimientos y saber emplearlos adecuadamente.

Infinitivo por imperativo

Hoy hablaré sobre un tema que a pesar de ser increíblemente simple, sencillo y de sentido común genera errores e imprecisiones considerables en la lengua hablada y, por extensión, también en la escrita. Únicamente se requiere un mínimo esencial de sentido común, inteligencia y buena voluntad. Se trata del incoherente, indebido e inadecuado uso del infinitivo en lugar del imperativo.

Esto es algo tan sencillo que es casi ridículo decirlo; pero más ridículo es tener que decirlo por ser este error tan grave, triste y extremadamente habitual en el registro coloquial. Parece ser que casi nadie sabe que hay una abismal diferencia entre los modos infinitivo e imperativo; y, si alguien lo sabe y sigue cometiendo premeditadamente o por dejadez este tipo de errores, entonces comete doble delito por ello. O tal vez alguien piense que utilizar el verdadero imperativo es algo que solo se hace en la literatura; quizá crean que, si hablaran con buen gusto y mucho entendimiento, parecerían poetas, escritores o, en el peor de los casos, personas cultas (nótese el sarcasmo). O incluso puede haber quien piense que, cambiando la d por la r, se pronuncia más rápida y fácilmente; será que, como hay tanta diferencia entre ambas, el coste energético, tanto físico como metal, se dispara. En cualquier caso, voy a proceder a explicar el irracionalmente grandísimo problema, que no creo que me consuma demasiado tiempo, también porque ya he hablado mucho dado mi gran descontento con el asunto, por si sirve de algo; cosa que dudo con seriedad: cuando se da una orden a alguien, hay que emplear el imperativo, que precisamente para eso fue creado, y no el infinitivo, que tiene otros significados y usos completamente diferentes. Así pues, no debe decirse *comer (vosotros), *iros (vosotros), etc., sino comed (vosotros), idos (vosotros)...

Ahí lo tenéis; ¿ha sido para tanto? Habiendo varias maneras para decir cosas diferentes, ¿por qué debemos usar una sola? Al final, acabaremos hablando como los indios americanos: usando el infinitivo para todo (como «graciosamente» se muestra en las películas de género western).

De más está de decir (lo triste es que en realidad no está de más...) que es absolutamente inadecuado e inaceptable emplear formas impersonales en lugar del imperativo: *Si me queréis irse (correcto: idos).